IGNACIO GÓMEZ LECOMPTE


El "Padre Nacho": 
Historia del primer fiel del Opus Dei 
en Colombia


Origen y familia

Ignacio Rafael Gómez Lecompte nació en Cartagena de Indias, un 30 de enero de 1935, en el hogar formado por Ignacio Gómez Vélez y María Teresa Lecompte Gastelbondo. 

Fue el tercero de seis hermanos: Marta Clara, Vilma, Ignacio Rafael, Margarita y Carlos Guillermo Gómez Lecompte.

Cuando tenía diez años, la familia se trasladó a Barranquilla, donde terminó la primaria y el bachillerato en el colegio de los Hermanos de La Salle.


Bogotá: estudios de ingeniería (1951-1952)

En 1951 llegó a Bogotá para estudiar ingeniería civil en la Universidad Nacional. 

Vivía en casa de unos tíos, en la calle 71 entre carreras 11 y 12; su padre había pensado enviarlo a la Escuela de Minas de Medellín, pero su tía bogotana y su madre lo convencieron de que era muy joven —comenzaba la carrera a los 16 años— y prevaleció la opción de Bogotá.

Un año antes, el 13 de octubre de 1951, el Opus Dei había iniciado sus labores en Colombia por medio de don Teodoro Ruiz Jusué, sacerdote numerario español, abogado, natural de Barcelona.


Su encuentro con la Obra


En septiembre de 1952 un compañero de curso, Alberto Franco, invitó a Ignacio —entonces de 17 años, en segundo año de ingeniería— a una reunión en "la casa de unos españoles". 

Tras vencer su desconfianza inicial ("¿hay que pagar alguna cuota?"), aceptó, y el lunes 20 de octubre de 1952, después de la clase de castellano, acudió por primera vez a la primera Casa del Opus Dei en Colombia, llamada: Centro de la Carrera 4ª.

Asistió a un Círculo de formación con un grupo de unos ocho universitarios, y después a una tertulia con Ángel Jolín (director de la casa), don Teodoro y, más tarde, don Aurelio Mota. 

Nacho quedó "conquistado" por el ambiente que encontró en ese medio de formación, de tal surte que regresó con puntualidad a estudiar y a los círculos, impresionado por la insistencia en que "estudiar era una obligación grave".


Petición de admisión


La Obra en Colombia inició labores en Bogotá un 13 de octubre de 1951, por medio de don Teodoro Ruiz Jusué, sacerdote numerario español, abogado, natural de Barcelona.

Providencialmente un año después, el 20 octubre de 1952, el joven Ignacio Gómez, asistió por primera vez al Centro de la Carrera 4a, primera casa de la Obra en Colombia.

Ignacio, era por entonces un joven de 17 años, estudiante de ingeniería civil en la Universidad Nacional de Bogotá; y se encontraba cursando segundo año de la carrera. 

El propio P. Nacho relató en una ocasión su encuentro con la Obra:

Un día de septiembre de 1952, un compañero de curso, Alberto Franco, me dijo: 

«Te invito a la casa de unos españoles, a una reunión muy interesante». 

–¡Unos españoles! Y... ¿una reunión de qué, para qué?, le pregunté con extrañeza y con poco interés por aceptar su invitación.

–Es un Centro del Opus Dei, que queda en la carrera 4a entre calles 12 y 13, casa que yo mismo ayudé a instalar, me dijo. 

Es un lugar donde uno habla y los demás oyen.

–¿Y uno tiene que intervenir?, le pregunté.
–No–, me contestó, sin más.

–Y... ¿hay que pagar alguna cuota?, le pregunté, en mi condición de estudiante paupérrimo.

–No– fue, de nuevo, su respuesta.

Me tranquilicé y terminé aceptando la invitación. 

El lunes 20 de octubre, después de la última clase del día -castellano-, que era de 5 a 6 p.m., acudí con Alberto a la primera casa de la Obra en Bogotá. Sin más preámbulos, entré a una reunión de formación humana y sobrenatural, en la sala de estudio. Quedé muy bien impresionado con el ambiente y con el contenido de la reunión. 

Los asistentes –unos ocho– éramos todos universitarios de distintas facultades y de diversas universidades. Me parecieron –los otros– serios y de trato agradable.

Después del Círculo hubo una tertulia en la sala –un hall enorme, adaptado para esa función, con escasos muebles– a donde llegaron Ángel Jolín, director de la casa, y Don Teodoro. 

Después de la presentación de “el nuevo” –que era yo–, hubo historias, relatos y hasta canciones con acompañamiento de un tiple bien tocado por mi amigo Alberto. Al rato, se nos unió el padre Aurelio Mota.

Me conquistó la atmósfera de aquella casa, y regresé varias veces a estudiar y a los Círculos. Esto último, con gran puntualidad. Me impresionó que se nos recordara cada vez que “estudiar es una obligación grave”.

Yo vivía en casa de unos tíos en la calle 71 entre carreras 11 y 12. La primera idea de mi papá era que yo me fuera a estudiar a Medellín, en la Escuela de Minas. Pero mi tía de Bogotá –hermana suya– prevaleció sobre él, unida a mi mamá, aduciendo mi juventud, porque empezaba la carrera a los 16 años.

La casa de mis tíos me quedaba a una distancia de la casa de la Obra que por aquellos años parecía enorme. Pero la comunicación resultaba rápida y conveniente, pues había paradas del bus municipal “Avenida Chile - Las Cruces”, a una cuadra del Centro de la Obra y a una cuadra de mi casa.

Un domingo, José Luis Gómez Pacheco, director del Círculo al que asistía el P. Nacho, lo invitó a dar un paseo por la tarde, por la Avenida Jiménez, hacia el oriente. Fue una caminata breve.

Hablaron de cosas diversas. Y, entre unas y otras, José Luis le preguntó por sus estudios y por su vida interior. Sobre lo último, Ignacio le respondió:

–Asisto a misa diariamente, comulgo, me confieso cada semana, hago la visita al Santísimo, y todos los días rezo el rosario.

Es muy importante que tengas dirección espiritual –le sugirió José Luis–. Te animo a que la tomes con alguno de los sacerdotes del Centro.

A Ignacio le pareció bien y escogió a don Teodoro; habló con él y quedaron en verse los viernes, después de clase, a las 7 de la noche.


Su Pitaje

Tantas contrariedades, escaseces, mortificaciones, enfermedades y oraciones ofrecidas por don Teodoro, don Aurelio, Ángel y los primeros estaban por dar los primeros frutos apostólicos. 

El Padre Nacho había comenzado a tener dirección espiritual con don Teodoro. Al respecto, contaba:

En uno de esos encuentros de tertulia conmigo, en la sala, de pie, don Teodoro me habló de las migraciones apostólicas, tal como el Fundador de la Obra las contemplaba. Me entusiasmó, yo tenía espíritu aventurero, y las posibilidades de esas migraciones me atrajeron enormemente.

Unos días después ocurrió nuestro tercer encuentro, fue el 21 de noviembre de 1952, viernes, fiesta de la Presentación de Nuestra Señora. 

Al terminar la charla fraterna, que siempre era brevísima –no más de 15 minutos–, don Teodoro me dijo:

–Te quiero recordar la historia de Hernán Cortés y la conquista de México. Me narró el episodio de la quema de las naves, y me preguntó:

–Chavalín, ¿tú cuándo piensas quemar las naves?

Entendí enseguida de qué se trataba. Estaba oscuro, no habíamos encendido ninguna lámpara de la casa; hablábamos en la sala, que en ese momento parecía de dimensiones enormes, irreales…

– Si Dios lo quiere, ya, le contesté.

Fui con don Teodoro a su despacho, y escribí la carta al Fundador de la Obra pidiéndole mi admisión como Numerario.

Lo hice con mi plumero, en tinta verde. Eran aproximadamente las ocho de la noche.

Él mismo aclaró que la decisión no fue súbita: la lectura de libros como FabiolaBen-Hur y La túnica sagrada había dispuesto su corazón, según decía: "al deseo del martirio, aunque suene exorbitado".

De esta forma, treinta y un días después de su primer contacto con la Obra, Ignacio Gómez Lecompte se convirtió en el primer miembro del Opus Dei en Colombia. 

 

Cruz de Palo

Cruz de Palo del P. Nacho
Obsequio a los pioneros de cada país
Se conserva en la sede de la Comisión Regional
en Bogotá
 

Por ser el pionero de Colombia, san Josemaría le envió la Cruz de Palo, obsequio que en la Obra se reserva a quienes abren camino en una nación. Esta pequeña cruz se encuentra exhibida en un armario de la Comisión Regional con sede en Bogotá.

La tradición de estas cruces de palo, nace en Molinoviejo, la primera casa de convivencias del Opus Dei. Ante la necesidad de contar con un lugar para retiros, convivencias y demás actividades de formación de los primeros fieles de la Obra, las tías de don José María Hernández de Garnica —uno de los tres primeros sacerdotes de la Prelatura—  alquilaron su finca para ese fin, propiedad que luego fue adquirida por la Obra.

En sus extensos jardines había una ermita cuya techumbre, muy deteriorada, amenazaba ruina y requería restauración. Al retirar las vigas de madera originales, el fundador del Opus Dei pidió que se conservaran, y con ellas se tallan pequeñas cruces de madera —llamadas en la Obra "cruz de palo"— que se irían entregando a los primeros fieles de la Obra en los distintos países del mundo.

Ermita de Molinoviejo

La historia de Molinoviejo nace un día de 1945, don José María Hernández de Garnica le comentó a San Josemaría sobre este predio propiedad de sus tías. EL Fundador, el 7 de abril fue a verla acompañado de Don Álvaro del Portillo y dos personas más. Aunque la casa no era muy grande, se podría utilizar en grupos reducidos, así que se alquiló para aquel mismo verano de 1945. Su hermana Carmen Escrivá se encargó de todo lo referente a la atención doméstica en la puesta en marcha de Molinoviejo. 

El 19 de junio de 1946 se adquirió la finca. Pensando el nombre que le pondrían, San Josemaría, fijándose en un antiguo molino movido por una pequeña cascada del arroyo, propuso el nombre de Molinoviejo. 

El 24 de septiembre de 1946, fiesta de la Virgen de la Merced, reunió a algunos de sus hijos mayores. Ante la imagen de la Virgen de Santa María, Madre del Amor Hermoso, que preside la Ermita, realizaron por primera vez los compromisos que ahora hacen todos los miembros de la Obra antes de su incorporación definitiva a la Prelatura. Poco después, la talla de la Virgen fue restaurada.

El 24 de septiembre de 1947, al cumplirse un año de aquellos primeros compromisos, san Josemaría volvió a rezar ante la imagen de la ermita. Junto con los sacerdotes presentes, leyó la fórmula correspondiente y todos hicieron el compromiso de velar por que no se desfigurase la unidad moral, espiritual y jurídica del Opus Dei; a continuación, los demás asistentes fueron repitiendo, uno a uno, esa misma fórmula.

El Fundador dispuso entonces que, puesto que las antiguas vigas de la ermita habían sido testigos de aquellos compromisos de fidelidad y defensa de la Obra, se tallaran con ellas cruces de palo: una para cada Comisión y cada Asesoría Regional, y otra más pequeña para la primera vocación de cada país. Las vigas aún no empleadas se conservan, reservadas, en el arcón del oratorio de esta casa.


Arcón (arca) donde se conservan las vigas
que aún no se han utilizado





Roma (1955-1958)

En septiembre de 1955 se trasladó a Roma, donde cursó estudios de filosofía y teología en el Angelicum y donde también se doctoró. 

Guardó siempre un recuerdo imborrable de esos tres años, durante los cuales conoció de cerca las enseñanzas y la personalidad de san Josemaría, las que transmitió después a quienes lo rodeaban.


Ordenación sacerdotal y Estados Unidos (1958-1970)


El 21 de diciembre de 1958 recibió la ordenación sacerdotal en Madrid. Había vivido como laico en la Obra durante seis años; a partir de entonces ejercería el sacerdocio durante 54 años más.

Poco después de su ordenación viajó a Estados Unidos, donde desarrolló su ministerio en varias ciudades, especialmente en Boston.


Regreso a Colombia (1970)

En 1970 volvió a Colombia. Desde 1972 trabajó en la Comisión Regional del Opus Dei del país, y entre 1978 y 1980 fue su Consiliario.

De esos años en Bogotá se conserva el testimonio de la familia Romero Salamanca: en 1972, el padre Gómez —sin conocerlos previamente— intervino para ayudar a conseguir cupo escolar al hijo mayor de Eleázar Romero en la sección nocturna del Gimnasio de Los Cerros, un gesto que, según relató años después Guillermo Romero, cambió el rumbo de esa familia.

A lo largo de estas décadas vivió también, en distintos momentos de su vida sacerdotal, en Pamplona (España), México, Manizales y Medellín, además de Bogotá, Boston y Roma.


Regreso a Cartagena  (2006)


En enero de 2006 regresó a su ciudad natal, Cartagena, con un propósito que lo ilusionó especialmente: acercar a Dios a los jóvenes cartageneros, tras una amplia labor apostólica con niños y jóvenes desarrollada en muchas ciudades. Vivió allí sus últimos seis años y ocho meses, con un espíritu descrito por quienes lo trataron entonces como notablemente joven pese a la diferencia de edad con sus colaboradores más cercanos.


Personalidad




Quienes lo conocieron coinciden en describirlo como un hombre culto, de inteligencia superior y un vasto caudal de conocimientos sobre literatura, música, deporte y cine, que exponía con una sencillez desarmante, sin arrogancia y casi nunca por iniciativa propia, sino cuando se le preguntaba. Era muy aficionado al Sóftbol. 

Tenía una alegría desbordante, fino humor y una capacidad singular para convertir cualquier circunstancia en un hecho jocoso; era normal que la conversación a su lado derivara en carcajadas. 

Se le recuerda además como pianista y como un sacerdote de trato sencillo y cercano, con especial predilección por los más pobres, dedicado a escuchar, aconsejar y acompañar a personas de todos los ambientes sociales.


Enfermedad y últimos días

Sobrellevó con elegancia las limitaciones de sus enfermedades, entre ellas la migraña, tuvo cirugías en la garganta que le afectaron sus cuerdas bocales y le hicieron cambia de voz. 

Quienes convivieron con él en sus últimos años lo vieron esforzarse por mantener la sonrisa, el buen humor y el espíritu de servicio incluso hasta cuando estaba muy impedido, sin que se le oyera jamás una queja o una negativa ante cualquier tarea pastoral que se le encomendara.


Muerte (25 agosto 2012)

Sus últimas palabras fueron: "Diles a todas y a todos, que muchas gracias" —gesto de un sacerdote que, "agradecía el agradecimiento".

Su jocosidad no faltó ni en sus últimos días hospitalizado, estado que no le impidió pedir helado.

Falleció con fama de santidad, en Cartagena, el sábado 25 de agosto de 2012, a los 77 años, sesenta de los cuales dedicó al servicio de la Iglesia, del Romano Pontífice y de las almas, rodeado de familiares y seres queridos.

Fue velado el domingo 26 de agosto desde las 9:00 a.m. en el salón de la Iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro del barrio Bocagrande de Cartagena. 

La misa de cuerpo presente se celebró en esa misma iglesia a las 3:00 p.m., y sus restos recibieron sepultura en el Cementerio Jardines de Cartagena, en la vía Ternera, frente al barrio El Recreo (Jardín La Fuente, lote nº 28).

Personas de todas las clases sociales lo acompañaron en sus últimos días y en el funeral, en señal de gratitud y cariño.


Traslado de restos y causa de canonización


El 1 de febrero de 2019, los restos del Padre Nacho fueron trasladados por Mons. Ugo Puccini Banfi, obispo numerario, a un osario de la Iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Bocagrande, en Cartagena, donde sus devotos y amigos se acercan a pedirle favores, y esperan de que se inicie su causa de canonización. 

Se recomienda comunicar a la oficina de la Dirección Espiritual de la Región los favores que se atribuyan a su intercesión.


Legado

El padre Ignacio Gómez Lecompte —"el padre Nacho"— fue el primer colombiano en incorporarse al Opus Dei, apenas un año después de que la Obra iniciara su labor en el país. 

Su itinerario, de Cartagena a Bogotá, de Roma a Boston, y de vuelta a Bogotá y finalmente a su Cartagena natal, atravesó más de sesenta años de actividad apostólica ininterrumpida. Como escribió uno de quienes lo conocieron desde la juventud, quienes vinieron después de él "contemplamos en él un testimonio de lo que significa corresponder a la gracia de una vocación", y hoy se acogen a su intercesión con la esperanza de llegar a ser como fue Nacho.




Artículo de prensa


Adiós a Ignacio Gómez Lecompte, un sacerdote ejemplar


P. Nacho y P. Javier Abad

Publicado en el diario La Repúbica, el 1 de sept. del 2012.

Por: Javier Abad Gómez, sacerdote numerario

Lo conocí cuando ambos recorríamos nuestros veinte años y compartí con él, en muy diversos lugares hasta pocas semanas antes de su muerte, una amistad y una fraternidad de la que espero gozar también más allá.

Pronto comprendí que se trataba de un personaje inolvidable. Hombre culto, de una inteligencia superior y pleno de un caudal de conocimientos tales, como no he conocido en nadie más, los que fue enriqueciendo a lo largo de sus años, casi que hasta pocas horas antes de cruzar el umbral de la eternidad.

De una sencillez desarmante, parecía no dar importancia al hecho de que sobre casi todos los temas cultos que se tratan entre intelectuales, los conocía mejor que los demás. Y no hablaba de ello si no era preguntado. Carente de toda arrogancia, gozaba de una desenvoltura estupenda que atraía a toda clase de personas, a quienes trataba siempre con cariño, aunque con especial predilección por los más pobres e indigentes.

Su alegría y buen humor, desbordantes: difícil estar un rato a su lado sin que la conversación tomara rumbos inesperados, de los que surgían siempre carcajadas. No parecía darse cuenta nunca de sí mismo, siempre atento a los demás, con un desprendimiento notable no sólo de los bienes materiales, sino también de las ideas o de sus opiniones personales.

Amaba la literatura, la música, el deporte, el cine: y sobre cada uno de estos temas tenía conceptos plenos de densidad, al tiempo que anécdotas intrascendentes que quitaban a sus palabras toda actitud magisterial. Como miembro de familia, parecía querer a cada uno con amor de predilección y era normal escuchar entre los suyos: yo soy el preferido(a).

Ahora que Nacho Gómez L., sacerdote, se nos marchó, espero que a recibir un premio merecido, podemos expresar con descaro, lo que él jamás en vida nos hubiera permitido.




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ÍNDICE


GLOSARIO

Ver también: Índice Temático



A



B


C



D



E


F


G



H



I


J





L


M


N


O


P

Q

R


S

T

U

V

Z





ÍNDICE TEMÁTICO


VASOS SAGRADOS
  • Cáliz
  • Crismeras
  • Patena
  • Copón
  • Custodia
  • Píxide
  • Viril
  • Luneta

MUEBLES U OBJETOS LÍTURGICOS 

LIENZOS LITÚRGICOS


EL TRAJE ECLESIAL
  • Hábito Coral
  • Hábito Piano
  • Camarlengo: (Férula e Insignias)

INSIGNIAS EPISCOPALES 

PARTES DEL TEMPLO

MONAGUILLO

DICASTERIOS



DOCUMENTOS PAPALES

RITOS 

  • SECTAS





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