DON TEODORO RUIZ JUSUÉ

 

Pionero del Opus Dei en Colombia


Teodoro Ruiz Jusué 

(1917–2001)


Don Teodoro Ruiz Jusué fue un jurista y sacerdote católico español cuya vida estuvo marcada por episodios de singular providencia, una brillante trayectoria académica y pastoral, y el hito histórico de haber sido el primer miembro del Opus Dei en iniciar de forma estable la labor apostólica de la institución en Colombia.

De ascendencia cántabra, era hijo de Teodoro Ruiz Olabarría. Se licenció en Derecho en la Universidad de Valladolid. En la capital castellana conoció a Josemaría Escrivá el sábado 28 de enero de 1940, y pidió la admisión en el Opus Dei el lunes 4 de marzo de 1940. Tras realizar los cursos de doctorado en Madrid durante el curso académico 1939-40, se doctoró de Derecho en la Universidad de Madrid, el 28 de marzo de 1944, con la calificación de Sobresaliente y consiguió premio extraordinario de doctorado.

El 1 de octubre de 1943 se inauguró la Residencia de la Moncloa (actual Colegio Mayor Moncloa), y Teodoro fue su primer director, siendo sustituido poco después por Pedro Casciaro. Ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1946, se trasladó a Granada, como capellán de la residencia Albayzín (actual Colegio Mayor Albayzín). Desde allí viajaba periódicamente a diversas localidades andaluzas y a Coímbra, ya que fue, durante varios años, el único sacerdote del Opus Dei en Andalucía.

El 13 de octubre de 1951 llegó a Colombia, donde permaneció hasta 1964 desarrollando la labor apostólica del Opus Dei en aquel país.

En Colombia desarrollo su labor docente como profesor de Derecho Canónico e Historia de la Iglesia, en Bogotá y en Manizales. Asesor jurídico de la Nunciatura Apostólica en Colombia, intervino en la elaboración y firma del Convenio de Misiones (1953) entre la Santa Sede y el gobierno colombiano.

De regreso a España, prosiguió su labor sacerdotal en Pamplona, Valencia y Palma de Mallorca, donde falleció.


1. Primeros años, juventud y el episodio de la "taza de chocolate" (1917–1939)

De ascendencia cántabra e hijo de Teodoro Ruiz Olabarría, Teodoro Ruiz Jusué nació en Barcelona el 27 de diciembre de 1917

Pasó buena parte de su infancia y juventud en Reinosa (Cantabria), antes de trasladarse a la Universidad de Valladolid para cursar sus estudios de Derecho

Su etapa universitaria coincidió con el estallido de la Guerra Civil española, contienda que devastó a su generación

De los 68 estudiantes de Derecho que iniciaron la carrera junto a él en 1936, solo 14 sobrevivieron al finalizar el conflicto en 1939

Durante el primer verano de la guerra, el 18 de julio de 1936, le sorprendió el conflicto mientras veraneaba con su padre y su hermana en una hostería de las montañas de Cantabria

Un pelotón de milicianos registró el lugar y encontró en la chaqueta del joven Teododo octavillas comprometedoras. Creyendo haber capturado a un «pez gordo», le anunciaron su fusilamiento inmediato.

Al concederle un último deseo, Teodoro pidió una taza de chocolate

Años después confesó que fue lo único que se le ocurrió para ganar unos minutos y prepararse a bien morir

Mientras tomaba el chocolate, su padre entabló conversación con uno de los milicianos. Al descubrir que ambos eran asturianos de valles vecinos con amigos comunes, el miliciano intercedió por el joven. Sorpresivamente, el pelotón se retiró sin disparar, salvando milagrosamente la vida.


2. Encuentro con san Josemaría Escrivá y vocación al Opus Dei (1940)

Al término de la contienda en 1939, Teodoro continuó sus estudios universitarios en Valladolid. El 27 de enero de 1940, su amigo Juan Antonio Paniagua le invitó al Hotel Español de Valladolid a una reunión organizada por el fundador del Opus Dei, san Josemaría Escrivá de Balaguer, junto con Álvaro del Portillo, Francisco Botella y Vicente Rodríguez Casado.

La presentación sobre la santificación del trabajo ordinario, el estudio y la vida cotidiana le impactó profundamente. Asimismo, le impresionó la madurez espiritual y la fe práctica de un joven estudiante de ingeniería como Álvaro del Portillo.

Tras una breve conversación personal con san Josemaría y encomendar la decisión durante la Misa celebrada por el fundador al día siguiente, el 4 de marzo de 1940 Teodoro pidió la admisión en el Opus Dei, siendo una de las primeras vocaciones en la capital castellana. En ese momento, el fundador le entregó un crucifijo de bolsillo que conservaría siempre.

Poco tiempo después, ofreció junto a su padre un modesto piso contiguo a su vivienda familiar en Valladolid para instalar «El Rincón», el primer centro de la Obra en esa ciudad, bendecido por san Josemaría el 2 de mayo de 1940. El 2 de octubre de 1940, hizo su incorporación definitiva al Opus Dei junto con Amadeo de Fuenmayor, José Orlandis, Fernando Delapuente y Francisco Ponz.


3. Trayectoria académica, ordenación sacerdotal y labor en España (1941–1951)

Teodoro Ruiz concluyó sus estudios de Derecho con brillantez y se trasladó a Madrid a principios de 1941:

Dirección de residencias y labor docente: Vivió con san Josemaría en la sede de la calle Diego de León y fue director de la Residencia Jenner (1941-1942). 

Entre 1941 y 1944 fue profesor ayudante en la Universidad Central y colaborador del Instituto Francisco de Vitoria del CSIC, publicando estudios sobre Derecho Canónico e Historia del Derecho.

Doctorado: Se doctoró en Derecho por la Universidad de Madrid el 28 de marzo de 1944 con la calificación de Sobresaliente y Premio Extraordinario.

Colegio Mayor Moncloa: El 1 de octubre de 1943 fue nombrado primer director de la Residencia Universitaria Moncloa (actual Colegio Mayor Moncloa) en Madrid.

Ordenación sacerdotal y etapa en Andalucía: El 29 de septiembre de 1946 fue ordenado sacerdote. Se trasladó a Granada como capellán del Colegio Mayor Albayzín y, durante varios años, fue prácticamente el único sacerdote del Opus Dei en Andalucía, desplazándose intensamente por diversas ciudades e incluso a Coímbra (Portugal).


4. El envío y la llegada a Colombia (1951)

A principios de 1951, san Josemaría propuso a don Teodoro asumir el reto de iniciar la labor del Opus Dei en Suramérica, comenzando por Colombia, un país que el fundador encomendaba desde 1939 por su devoción a la Virgen de Chiquinquirá.

Despedida e inicio de la travesía: El 11 de octubre de 1951, en Madrid, san Josemaría le bendijo con un abrazo y le entregó un crucifijo de marfil para el oratorio de la futura primera casa, dos tomos de las obras de San Agustín para la biblioteca y 50 dólares reunidos al rebañar la caja de la administración.

Llegada a Bogotá: Tras despegar de Barajas el 12 de octubre en un avión Constellation de Avianca y realizar una escala técnica en Barranquilla la mañana del 13 de octubre de 1951, aterrizó en el aeropuerto de Techo en Bogotá a la 1:00 p.m.

Primer alojamiento: Se alojó en la Casa Provincial de los Hermanos de La Salle (Edificio Stella, en el centro histórico de Bogotá), donde residió provisionalmente hasta enero de 1952.


5. Cimientos en Colombia y consolidación (1951–1964)


8 de nov. de 1951.
Primera foto de la historia de la Obra en Colombia.
Don Tedoro con Barto Roig, numerario, que llegó a Caracas para
iniciar la labor en Venezuela
caminando por la Cra 7 de Bogotá

Desde los primeros días de su llegada, don Teodoro desplegó una intensa labor pastoral e institucional. En tan sólo cuatro meses logró lo impensable: abrir la primera sede del Opus Dei en Colombia. A pesar de los obstáculos consiguió permisos, atendió a decenas de personas de todos los estratos sociales y económicos, preparó la llegada de otros miembros del Opus Dei e incluso, fue el gestor para que arribaran las primeras mujeres de la Obra a Colombia. Se desenvolvió a pesar de la violencia generada en el país por la muerte del líder Jorge Eliecer Gaitán (tres años antes de su llegada), de las dificultades económicas y de tantas trabas que debió resolver en sus primeros meses en Colombia.


Relaciones eclesiásticas y diplomáticas

Se presentó de inmediato ante el Nuncio Apostólico, Mons. Antonio Samoré, con quien colaboró redactando discursos y documentos en la Nunciatura, y ante el arzobispo de Bogotá, Mons. Crisanto Luque (futuro primer cardenal de Colombia), quien le otorgó licencias ministeriales.


El primer Centro

Centro de la Cra 4.
Segundo piso de esta edificación 

Don Teodoro tras contactar con familias y líderes como Hernando Gómez Tanco (gerente de Eternit) y la familia Casas Manrique, logró organizar una junta de respaldo económico. 

El 11 de febrero de 1952 alquiló la casa de la Carrera 4.ª N.º 12-47 (barrio La Candelaria), primer Centro del Opus Dei en el país.

El primer Sagrario y la Quasi-Región: El 11 de mayo de 1952 quedó reservado el primer Sagrario de la Obra en Colombia. 

El 26 de mayo de 1952, san Josemaría erigió canónicamente a Colombia como Quasi-Región y nombró a don Teodoro como su primer Consiliario (Vicario Regional).


Desarrollo de vocaciones e instituciones


Don Aurelio Mota, Don Teodoro Ruiz y Ángel Jolín.
Los tres primeros Numerarios que llegaron a Colombia
Medellín, Finca San José. Feb. de 1954. 

Acompañó la llegada del segundo sacerdote, D. Aurelio Mota (feb. 1952), y de los primeros laicos (Ángel Jolín y José Luis Gómez Pacheco en jul. 1952, Paco Galiano, Luis Borobio, etc.). 

Recibió a las primeras vocaciones colombianas (Ignacio Gómez Lecompte en nov. 1952, Diego Torres, Octavio Arizmendi) e impulsó la apertura de nuevas sedes (Calle 40A en 1952; Ingará en la Calle 35 en 1953) y la expansión a Medellín en 1954.

Llegada de la sección femenina: Coordinó con las autoridades eclesiásticas y civiles los preparativos que permitieron el desembarco en Bogotá de las primeras cuatro mujeres del Opus Dei el 15 de abril de 1954.

Bodas de Plata: En octubre de 1953 viajó a Molinoviejo (España) para participar junto a san Josemaría y miembros de todo el mundo en la celebración del 25.º aniversario de la fundación del Opus Dei.

Don Teodoro desempeñó su encargo pastoral como Vicario Regional en Colombia durante 13 años (1951–1964), logrando que el mensaje de la santificación de la vida ordinaria echara raíces profundas en universidades, colegios, empresas y diversas ciudades colombianas.


6. Últimos años y fallecimiento (1964–2001)

Tras culminar su etapa de servicio en Colombia en 1964, regresó a España, donde prosiguió su labor sacerdotal, la dirección espiritual de almas y el estudio del Derecho Canónico con la misma sencillez y discreción que caracterizaron su vida.

Falleció en Palma de Mallorca el 28 de julio de 2001, a los 83 años de edad, dejando un legado imperecedero como jurista, sacerdote y pionero apostólico. Coincidencialmente ese día se encontraba en Colombia en visita apostólica el Prelado Javier Echevarría. 

Don Teodoro, en su aventura por Colombia contaba con la gracia de Dios y también con la confianza de San Josemaría que le dijo: “oye, vete a Colombia”. Y viajó casi con lo puesto. Hay una carta, que escribió José Orlandis, numerario, cuando murió don Teodoro:

“Me he decidido escribir estas letras como sencillo homenaje a un hombre de Dios que supo vivir con admirable naturalidad la epopeya de una dilatada y apasionante existencia. Conocí a Teodoro en Valladolid en febrero de 1940. Había terminado la Guerra Civil, un drama que marcó con su huella toda una generación de la juventud española.

Baste con decir que de los 68 estudiantes de derecho que componían en 1936 el curso de Teodoro en la universidad, sólo 14 quedaban con vida cuando en 1939 volvieron a abrirse las aulas; de 68, solo 14 quedaban con vida” 

“Cuando yo le conocí, Teodoro tenía novia formal y decía sentirse ya harto de aventuras. Se equivocaba de medio a medio, porque sería Dios el que se encargaría de complicarle la vida. Teodoro había conocido al fundador del Opus Dei y en marzo de 1940 sintió la llamada de Cristo y, lejos de haber escarmentado, respondió inmediatamente que sí con una disponibilidad en la que nunca fallaría. Fue ordenado sacerdote en 1946. Fue prácticamente, durante varios años, el único sacerdote del Opus Dei en Andalucía”.

“En 1951, ante el desafío de una nueva aventura, San Josemaría le preguntó si estaría dispuesto a marchar a Colombia para iniciar, él solo, la labor del Opus Dei. El 13 de octubre de aquel mismo año, Teodoro desembarcaba en el aeropuerto de Bogotá, sin más bagaje que un crucifijo, una imagen de la Virgen, que le entregó el fundador del Opus Dei y US$50 por todo patrimonio.

Él contaba, con gracia y sin darle importancia, multitud de anécdotas -auténticas aventuras- de las que se deducía el esfuerzo y dedicación en servicio de Dios y de los hombres en aquellas tierras americanas. Cuando muchos años después, enfermo y gastado emprendía el regreso a España, el apostolado del Opus Dei en Colombia era una muestra de la eficacia portentosa de aquella fe que mueve las montañas.
 
En el Levante mediterráneo Teodoro Ruiz recuperó la salud y a sus 65 años aceptó emprender la última aventura terrena: hacerse mallorquín en Mallorca para el resto de su vida. Su imagen de viejo hidalgo castellano, siempre bienhumorado, con su impecable vestidura sacerdotal, se hizo familiar en el paisaje humano de Palma. Su labor aquí fue un servicio humilde y abnegado, en el que pasó miles de horas en el confesionario iluminando conciencias, consolando a afligidos y tristes, perdonando pecados. «¡Señores, no molesto más!», era su frase habitual de despedida, al terminar una reunión o una entrevista. El 28 de julio, don 'Teodoro escuchó la llamada postrera de Dios, y respondió como siempre, con admirable naturalidad sin molestar a nadie. Esta vez era la invitación a la definitiva aventura de entrar en la casa del Padre y comenzar a gozar de las alegrías de la vida eterna. (José Orlandis).”.


SEMBLANZA DE LA FE DE UN PIONERO


Las Cartas de San Josemaría, los Primeros de Colombia y la Consecución del Primer Centro

El establecimiento del Opus Dei en Colombia a partir de octubre de 1951 constituye un capítulo de audacia humana y sobrenatural. 

Encabezado por el sacerdote y jurista don Teodoro Ruiz Jusué, este proceso estuvo respaldado por una constante guía espiritual desde Roma y Madrid, la colaboración generosa de los primeros miembros y amigos colombianos, y una serie de providenciales acontecimientos que permitieron abrir la primera sede de la institución en Bogotá.


1. Las cartas personales de san Josemaría: Hilo directo de fe y paternidad espiritual

Desde los meses previos al viaje de don Teodoro, san Josemaría Escrivá de Balaguer preparó el camino epistolar escribiendo a prelados eclesiásticos colombianos, entre ellos el Nuncio Apostólico Mons. Antonio Samoré, el Arzobispo de Bogotá Mons. Crisanto Luque y sacerdotes locales.

Al momento de despedir a don Teodoro en Madrid el 11 de octubre de 1951, el fundador le entregó su bendición, un crucifijo de marfil para el futuro oratorio, dos tomos de san Agustín y todo el efectivo disponible en la caja de la administración: 50 dólares. 

Durante la travesía y tras su llegada a Bogotá, la comunicación entre don Teodoro y san Josemaría se mantuvo fluida:

Cartas de familia y puño y letra: San Josemaría insistió expresamente a don Teodoro en que las cartas dirigidas a él debían ser escritas «a mano, con tinta». Con ello buscaba reafirmar el tono íntimo y afable propio de una misiva entre un padre y un hijo. Ejemplo de este afecto fue una tarjeta postal enviada desde Oporto el 18 de octubre de 1951, firmada con el seudónimo familiar de «Mariano».

Sostén en los momentos de estrechez: En 1952 y 1953, cuando las obras de la sede central en Villa Tevere y el Colegio Romano en Italia atravesaban graves dificultades financieras, san Josemaría acudió a sus hijos en Colombia en busca de oraciones y apoyo económico. En sus cartas escribía con conmovedora franqueza: «Escríbeme, hijo mío, con la realidad de lo que haya... no es esta carta la menos espiritual que escribo. Al contrario: porque, si no salimos adelante aquí... se hunden muchos instrumentos de apostolado», o la célebre indicación: «Haz lo que puedas y —in nomine Domini— hasta lo que no puedas».

Acompañamiento en el crecimiento: Las cartas del fundador celebraban cada avance —como la reserva del primer Sagrario o la llegada de nuevos refuerzos laicos y sacerdotes— e impulsaban continuamente los preparativos para la llegada de la sección femenina.


2. Los primeros de Colombia



Curso de retiro en Pasca, 5 abril 1953.
Diego Torres, Pepe Albendea, Pepe Domínguez, Alberto Olesti, Juan Larrea, Casimiro García,
D. Teodoro Ruiz, Luis Borobio, José Luis Gómez Pacheco e Ignacio Gómez Lecompte

La labor de don Teodoro no habría echado raíces sin la acogida de familias y jóvenes colombianos que se entusiasmaron rápidamente con el mensaje de la santificación en el trabajo ordinario:

Hernando Gómez Tanco y Merceditas Posada: Calificado por don Teodoro como «la llave providencial que nos abrió todas las puertas de Colombia». Gómez Tanco, destacado ingeniero y gerente de Eternit, comprendió de inmediato la figura de los supernumerarios. Junto a su esposa Merceditas, se convirtió en el principal soporte institucional y material de la labor inicial.

Ignacio Gómez Lecompte («Nacho»): Estudiante de ingeniería civil de 17 años en la Universidad Nacional. Tras asistir a los Círculos de San Rafael y recibir dirección espiritual con don Teodoro, este le planteó la célebre pregunta sobre cuándo pensaba «quemar las naves» (evocando la gesta de Hernán Cortés). El 21 de noviembre de 1952 (fiesta de la Presentación de la Virgen), Nacho redactó la carta pidiendo su admisión como el primer numerario colombiano.

Diego Ernesto Torres: Conoció a don Teodoro a comienzos de 1952 frente a la iglesia de Santa Ana en Teusaquillo, donde el sacerdote le habló de profundizar los cimientos espirituales usando la analogía de la construcción. El 26 de diciembre de 1952 pidió su admisión como el primer agregado colombiano, decidiendo romper un compromiso matrimonial previo para entregarse plenamente a Dios. Luego se hizo numerario.

Octavio Arizmendi: Conoció el Opus Dei a finales de 1953 durante una visita de jóvenes scouts a Bogotá procedente de Medellín, vinculándose desde entonces como una de las primeras vocaciones antioqueñas.


3. Detalles del primer Centro 

Durante los cuatro primeros meses de su estancia en Bogotá, don Teodoro residió de manera provisional en la Casa Provincial de los Hermanos de La Salle y luego en la casa parroquial de Santa Ana. Sin embargo, la prioridad absoluta era disponer de una casa propia para albergar el primer Centro.


La histórica reunión del 25 de enero de 1952

Para resolver la falta de fondos, Hernando Gómez Tanco organizó en su residencia una reunión con destacados empresarios, banqueros y financieros bogotanos, entre ellos el director del Banco de la República, Luis Ángel Arango. 

En este encuentro, Gómez Tanco propuso abrir una cuenta corriente administrada por don Teodoro y alimentarla con aportes personales y corporativos de fondos sociales. 

Mientras se desarrollaba la reunión, su esposa Merceditas permaneció en el piso superior rezando el Rosario. La propuesta fue aprobada por unanimidad.


Elección del inmueble y firma del contrato

Don Teodoro localizó una casa colonial de fachada en piedra caliza con ocho balcones en el barrio La Candelaria, ubicada en la Carrera 4.ª N.º 12-47, a pocas cuadras de la Plaza de Bolívar.

El propietario, Juan Antonio Barragán Sandino, pedía 600 pesos mensuales de arriendo, pero aceptó rebajarlo a 500 pesos y eximió el pago de los primeros 15 días.

El 11 de febrero de 1952 (festividad de Nuestra Señora de Lourdes), se firmó el contrato de arrendamiento, figurando Hernando Gómez Tanco como fiador.

La toma de posesión formal ocurrió el 13 de febrero de 1952.


Adecuación del hogar y el primer Sagrario

Las esposas de los financieros (encabezadas por Mercedes Posada y Lola Casas) asumieron el equipamiento de la casa, donando vajillas, cobijas, manteles y utensilios de cocina. Para la atención del servicio doméstico y la cocina, se contrató a Carmen Albañil, una abnegada mujer indígena que destinaba íntegramente su sueldo a pagar la beca de un seminarista.

El oratorio se diseñó como una reproducción del que la Obra tenía en Cádiz. La empresa Eternit aportó el material para levantar el tabique divisorio, Rafael Gómez Posada proyectó el diseño del altar y Merceditas Posada regaló el primer sagrario de plata.

Finalmente, el 11 de mayo de 1952 (fiesta de Nuestra Señora de los Desamparados), se celebró la Misa y se reservó por primera vez el Santísimo Sacramento en el primer Sagrario de la Obra en Colombia. Poco después, el 26 de mayo de 1952, san Josemaría erigió canónicamente a Colombia como Quasi-Región y nombró a don Teodoro Ruiz como su primer Consiliario.


Los 50 dólares

El destino de los 50 dólares con los que don Teodoro Ruiz llegó a Colombia el 13 de octubre de 1951 es una de las anécdotas más ilustrativas del inicio de la labor en el país:

El dinero le fue entregado en Madrid por el administrador general de la Obra, Andrés Rueda, quien tras «aruñar» la caja reunió exactamente 50 dólares repartidos en dos billetes de 20 y uno de 10. El mismo día de su llegada a Colombia, don Teodoro cambió 30 dólares (el billete de 20 y el de 10) en el aeropuerto de Barranquilla, obteniendo 76 pesos colombianos. Con esos pesos cubrió sus primeros gastos indispensables en Bogotá, como los pasajes de transporte, las fotografías y el pago del trámite de inscripción en la policía.

El billete de 20 dólares restante no se llegó a gastar. Don Teodoro lo guardó cuidadosamente dentro de un sobre con la leyenda «Reservas» (anotando con humor en el diario que era para abrirlo únicamente «in articulo mortis»).

El destino final: Aquel billete de 20 dólares permaneció intacto en el sobre durante años hasta que el propio don Teodoro lo llevó a Roma como un recuerdo histórico de los inicios.

Como el mismo don Teodoro comentaría años más tarde, con solo 30 dólares invertidos, es probable que ninguna otra fundación de la Obra en el mundo haya comenzado con tan pocos recursos materiales.

Don Teodoro Ruiz Jusué se sostuvo en sus primeros meses en Colombia mediante una combinación de austeridad personal, la acogida fraternal de comunidades eclesiásticas y el apoyo providencial de familias y empresarios locales.     

 Don Teodoro Ruiz Jusué se sostuvo en sus primeros meses en Colombia mediante una combinación de austeridad personal, la acogida fraternal de comunidades eclesiásticas y el apoyo providencial de familias y empresarios locales.

Hermanos de La Salle (Edificio Stella): Durante sus primeros dos meses y medio (octubre de 1951 a enero de 1952), se alojó de manera gratuita en la Casa Provincial de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en el centro de Bogotá, en una habitación facilitada por gestiones del Nuncio Apostólico, Mons. Antonio Samoré. Los Hermanos le brindaron hospedaje, alimentación y materiales de escritorio.

Nunciatura Apostólica: Don Teodoro acudía diariamente a la Nunciatura para colaborar con Mons. Samoré traduciendo documentos y redactando discursos en castellano. Aunque este trabajo era ad honorem —ya que la Nunciatura no disponía de fondos para un sueldo—, el Nuncio lo invitaba con frecuencia a almorzar y cenar.

Casa parroquial de Santa Ana: El 5 de enero de 1952 se trasladó a la casa parroquial de Santa Ana, en el barrio Teusaquillo, donde colaboraba celebrando la Misa matutina y atendiendo el confesionario a cambio de alojamiento.

Gastos cotidianos y colaboraciones: Sus gastos personales eran mínimos: se desplazaba principalmente en autobús (a 10 centavos el pasaje) o a pie para no gastarse los 20 dólares restantes. Los sellos para su correspondencia se los facilitaban los Hermanos de La Salle y el tabaco se lo obsequiaban en la Nunciatura.

Más adelante, con la llegada del P. Aurelio Mota en febrero de 1952, ingresó el primer sueldo fijo para el sostenimiento del Centro mediante su nombramiento como catedrático en la Facultad de Química de la Universidad Nacional de Colombia (700 pesos mensuales).

EL PRIMER SUPERNUMERARIO

El encuentro entre don Teodoro Ruiz y el ingeniero y empresario Hernando Gómez Tanco, (cofundador y gerente de Eternit) estuvo marcado por una serie de acontecimientos providenciales a comienzos de enero de 1952.

1. El primer contacto indirecto (8 de enero de 1952)
El 8 de enero de 1952, don Teodoro visitó a doña Ana Carrizosa de Vásquez. Durante la conversación, ella le habló de su sobrino, Hernando Gómez Tanco, un destacado ingeniero civil de 53 años egresado de la Universidad Nacional y de gran prestigio empresarial. Doña Ana le compartió que ya le había hablado a su sobrino sobre el Opus Dei, que este se había mostrado entusiasmado por conocerlo y le facilitó su dirección y teléfono.

2. La primera reunión en la oficina (10 de enero de 1952)
Dos días después, el 10 de enero de 1952, don Teodoro acudió a la oficina de Gómez Tanco, ubicada en el Edificio Faux (Avenida Jiménez de Quesada con Carrera 7.ª, en pleno centro de Bogotá). En esta primera entrevista, le entregó un ejemplar de Camino y le explicó el espíritu de la institución.
Gómez Tanco, quien tenía una profunda inquietud espiritual, comprendió e hizo suyo de inmediato el mensaje de santificación del trabajo ordinario y la figura de los supernumerarios, expresándole a don Teodoro:
«He venido a conocer la existencia del Opus Dei en un momento muy oportuno, porque he pasado toda la vida trabajando con entusiasmo en cosas humanas, y ahora tengo la sensación de que ha llegado el momento de trabajar en algo espiritual. Además, me entusiasma mucho eso de los supernumerarios».

3. El encuentro decisivo en la Avenida Jiménez (14 de enero de 1952)
Aunque el primer contacto fue muy afable, don Teodoro no tenía pensado pedirle ayuda económica en ese momento. Sin embargo, el 14 de enero de 1952, tras realizar una larga ronda de visitas a hombres de negocios que solo le dejaron "buenas intenciones pero ni una perra gorda", don Teodoro caminaba abatido por la Avenida Jiménez cavilando sobre la falta de recursos para alquilar la primera casa.
Al pasar frente al edificio de la oficina de Gómez Tanco, un impulso repentino lo llevó a subir sin más pretensión que saludarlo para distraerse un poco. Al verlo entrar, Gómez Tanco percibió de inmediato su desánimo y le preguntó:
«¿Qué le pasa a usted? Hoy lo veo un poco decaído».
Don Teodoro le explicó abiertamente los continuos fracasos en sus gestiones financieras. La respuesta del empresario fue inmediata y resuelta:
«Eso se lo resuelvo yo».
Hernando Gómez Tanco le propuso organizar en su propia residencia una reunión con los principales banqueros y ejecutivos financieros de Bogotá, en la que don Teodoro explicaría el Opus Dei y él mismo intervendría para comprometer el respaldo económico de los asistentes.

4. La fructífera reunión del 25 de enero de 1952
La reunión acordada tuvo lugar el 25 de enero de 1952 (festividad de la Conversión de San Pablo) en la residencia de Gómez Tanco (Carrera 5.ª con Calle 35). Allí acudieron presidentes de bancos (como Luis Ángel Arango) y líderes corporativos.
Tras la intervención de don Teodoro, Gómez Tanco tomó la iniciativa proponiendo abrir una cuenta corriente administrada por el sacerdote, alimentada con aportes personales y fondos sociales de las empresas. Mientras abajo se desarrollaba la reunión, su esposa, Merceditas Posada, permaneció en el segundo piso rezando un Rosario tras otro por el éxito del encuentro.
De esta amistad y de aquella reunión no solo surgió el sostén financiero inicial para el primer Centro de La Candelaria (del cual Gómez Tanco fue el fiador del arriendo), sino también la vocación de Merceditas Posada como una de las primeras supernumerarias del país




ENCUENTRO DE TEODORO CON LA OBRA


El primer encuentro entre san Josemaría Escrivá de Balaguer y don Teodoro Ruiz Jusué en el Hotel Español de Valladolid a finales de 1939 y comienzos de 1940 marco un hito fundamental en la vida del futuro fundador del Opus Dei en Colombia


1. El primer viaje a Valladolid (Nov. de 1939)

Al finalizar la Guerra Civil española, san Josemaría buscó extender el mensaje de la santificación del trabajo ordinario a las principales ciudades universitarias del país. El 30 de noviembre de 1939, viajó a Valladolid junto a Ricardo Fernández Vallespín llevando una lista de estudiantes recomendados.

Tras celebrar la Santa Misa y hacer oración matutina sobre la llamada apostólica, se alojaron en el Hotel Español. Todos los jóvenes universitarios que figuraban en la lista y estaban en la ciudad acudieron a las habitaciones del hotel, donde el fundador les habló por primera vez de amar a Dios, santificar los estudios y acercar a sus amigos a Cristo.


2. La llegada de la madrugada del 27 de enero de 1940

Dos meses después, san Josemaría regresó a Valladolid acompañado por Álvaro del Portillo, Francisco Botella y Vicente Rodríguez Casado. Viajaban en un automóvil usado que sufrió tantas averías mecánicas durante el trayecto que llegaron al Hotel Español a las tres de la mañana.

A pesar del cansancio del viaje, al día siguiente convocaron a un grupo de universitarios en una de las habitaciones del hotel. Entre ellos acudió un joven de 22 años que estaba concluyendo la carrera de Derecho, Teodoro Ruiz Jusué, llevado por su amigo Juan Antonio Paniagua, estudiante de Medicina.


3. La novedad del mensaje y el impacto de Álvaro del Portillo

Durante la reunión, los colaboradores de san Josemaría expusieron diversos aspectos de la vida cristiana:

  • Álvaro del Portillo presentó el mensaje del Opus Dei
  • Francisco Botella habló sobre la importancia y dignidad del trabajo profesional.
  • Vicente Rodríguez Casado expuso sobre la vida y entrega de los primeros cristianos.
Acto seguido, tomó la palabra san Josemaría para explicar lo que significaba «ser cristianos de verdad» en medio de la calle y del trabajo secular. Don Teodoro recordaría más tarde que sus palabras causaron un impacto profundo, pues en aquella época predominaban las manifestaciones externas de piedad, mientras que el fundador proponía una vida interior auténtica de relación personal con Dios en las tareas cotidianas, como el estudio del Código Civil.

A Teodoro le sorprendió de manera especial la soltura, madurez y naturalidad de Álvaro del Portillo. Le chocaba positivamente que un señor «normal y corriente», a punto de graduarse como ingeniero de caminos, hablara con tanta fe práctica y espontaneidad sobre la oración, la recepción de los sacramentos y la devoción a la Virgen María.


4. La habitación abarrotada y la primera charla a solas

Entusiasmados con la llamada a revivir el dinamismo de los primeros cristianos, san Josemaría animó a los asistentes a salir del hotel e invitar a más compañeros de facultades. Teodoro y sus amigos trajeron a tantos universitarios que en poco tiempo la habitación del hotel quedó abarrotada.

A pesar del gentío, el fundador insistió en hablar a solas con cada uno. El primer diálogo privado entre san Josemaría y el joven Teodoro duró unos diez minutos:

  1. Orientación profesional: San Josemaría comenzó preguntándole por sus estudios de Derecho y le aconsejó realizar el doctorado y encarar la docencia universitaria, señalándole que la cátedra le abriría muchas puertas para hacer apostolado.
  2. Respeto y delicadeza espiritual: Con gran delicadeza, pidiéndole permiso por si la pregunta resultaba incómoda, le indagó sobre la frecuencia de los sacramentos y sobre sus posibles compromisos afectivos. Le animó a vivir la comunión frecuente y a cultivar los amores humanos de manera limpia y noble.

5. La decisión del 4 de marzo de 1940 y la naciente sede de "El Rincón"

En las semanas siguientes (febrero y marzo de 1940), los miembros de la Obra continuaron visitando Valladolid y escribiéndose con los estudiantes. El 3 de marzo de 1940, durante un paseo por la ciudad, Francisco Botella le planteó a Teodoro directamente: «A ti, ¿te llama Dios a entregarte a Él?».

Esa misma tarde, Teodoro habló con san Josemaría. El fundador le sugirió buscar la respuesta en la oración durante la Misa del día siguiente. El 4 de marzo de 1940, al terminar la Misa celebrada por san Josemaría, Teodoro se acercó y le dijo: «Padre, estoy preparado para lo que haga falta», pidiendo formalmente su admisión en el Opus Dei. El fundador le entregó en ese instante un crucifijo de bolsillo que conservaría siempre.

Como las reuniones ya no cabían en la habitación del Hotel Español, san Josemaría pidió buscar un piso. Teodoro recurrió a su padre, quien poseía un modesto piso contiguo a su vivienda familiar que tenía reservado para cuando su hijo se casara. Aunque en un primer momento el padre se negó, tras rezar Teodoro a los ángeles custodios, cambió de opinión. El 2 de mayo de 1940, san Josemaría bendijo este inmueble —al que bautizaron como "El Rincón"—, convirtiéndose en el primer Centro del Opus Dei en Valladolid.


Ver también:

Ignacio Gómez Lecompte: primer numerario de Colombia






_






No hay comentarios:

Publicar un comentario