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CRUZ BIZANTINA





Por la Cruz vino nuestra salvación. Nosotros recordamos que Cristo murió por nosotros cuando vemos la imagen de la cruz (que representa al Señor crucificado), y nos recuerda que Él ascendió de los muertos, cuando contemplamos el icono de Cristo "no hecho por manos" (Eslavo: Нерукутвореному образъ) en el manto (que representa al Señor resucitado de la muerte).

Alabando al Señor crucificado están dos ángeles que vuelan, con la inscripción entre ellos que dice: "Los ángeles del Señor" (en Eslavo: Ангели Господни). En algunas representaciones de la Cruz los Ángeles están sosteniendo una imagen de la Santa Trinidad, pero por lo general los ángeles están simplemente sosteniendo un manto, lo que indica su posición como mensajeros que sirven al Señor y que esperan en Él.

La barra superior de la cruz es la que contiene el letrero que Pilato ordenó colgar a manera de burla sobre la cabeza de Cristo. En este letrero fue inscrita la frase: "Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos", en hebreo, griego y latín (abreviado como "INBI" en iniciales griegas, o las iniciales latinas "INRI" en la tradición occidental). Esta frase ha sido sustituida por la inscripción cristiana: "Rey de la Gloria" (Eslavo: Царь славы), situado debajo de las rodillas de los ángeles. En el título de la placa se inscribe en las iniciales «IC XC", siendo la primera y última letras del nombre de Cristo en griego (en Griego.: Iisous Xristos, Eslavo Antiguo: Ісоусъ Христосъ; Nuevo Eslavo: Іисусъ Христосъ). Además, justo por encima de los brazos de Cristo, vemos la inscripción: 'NIKA', que en griego significa: "Cristo, vence". De acuerdo a la tradición bizantina, El Salvador no lleva una corona de espinas (como en la tradición occidental), ni es mostrado vivo sobre la cruz, ni en cualquier aspecto de sufrimiento, sino, en un estado de reposo, humilde y pacífico, con la cabeza inclinada. También tenga en cuenta que sus pies están clavados con dos clavos.

La barra de en medio, es en la cual las manos de nuestro Señor fueron clavadas. En las esquinas superiores vemos las representaciones del sol a la izquierda, (Eslavo: солнца) y la luna a la derecha, (Eslavo: луна), por: "El sol se escondió su luz, y la luna se convirtió en sangre." (Joel 2: 31). La inscripción: "Hijo de Dios" (Eslavo: Сынъ Божіи) se coloca a ambos lados de la cabeza de Cristo, y por debajo de sus brazos se lee la inscripción: "Ante tu Cruz nos postramos, Soberano, y tu Santa Resurrección, glorificamos" (en Eslavo: Кресту Твоему покломняемся Владыко, и святое воскресение Твое славимъ). En el nimbo de Cristo está inscrita con las letras griegas “ο ω ν”, que significa: “El que es”, para recordarnos que Cristo es el mismo Dios que se identificó con estas palabras a Moisés en el antiguo testamento.

Detrás del cuerpo de Cristo, a cada lado encontramos una lanza (con la cual fue traspasado) y en una caña, una esponja (que estaba empapada de hiel y vinagre y que le ofrecieron a beber). La Lanza (izquierda) está indicada con "К" en Eslavo; que significa "копие", mientras que la esponja (derecha) está indicada con "Т" que significa "трость" (que significa “junco” o “caña”). En algunas cruces podemos ver en lugar de "Т" la inscripción "Г" que significa "губка" (esponja) en Eslavo. El cuerpo de Cristo tiene sangre y agua que brota de su costado.

La barra inferior inclinada es la base de los pies. En las oraciones de la novena hora, la Iglesia compara la Cruz a un tipo de equilibrio de la justicia:

"Entre dos ladrones Tu Cruz demostró ser un balance de la justicia: por qué uno de ellos fue arrastrado hacia abajo al Hades por el peso de su blasfemia [lado hacia abajo], mientras que el otro fue aligerado de sus transgresiones a la comprensión de la teología [lado hacia arriba]. Oh Cristo Dios, gloria a Ti”.

La ciudad de Jerusalén se representa en el fondo, porque Cristo fue crucificado fuera de las murallas de la ciudad. Al pie de la cruz están las letras: "Г Г" para “el monte Gólgota” (en Eslavo: Гора Голгофы), esta es la colina a las puertas de la ciudad en la que Cristo fue crucificado. Por debajo de los pies de Cristo están cuatro letras eslavas con las marcas de la abreviatura: "М.Л.Р.Б.", que significa: "El lugar de la calavera, donde estaba Adán" (en Eslavo: Место лобное рай бысть). Escondido en una cueva debajo de la tierra está “el cráneo de Adán” (según la tradición Cristo fue crucificado precisamente en el mismo lugar donde fue enterrado Adán), identificados con las letras:" Г А "(en Eslavo: глава Адамла).



 Debemos, pues, recordar que nuestro padre Adán perdió el Paraíso a través del árbol de la que erróneamente participó, Cristo es el nuevo Adán, nos trae la salvación y el Paraíso a través del árbol de la Cruz.





Fuentes:

ACCESORIOS DEL ALTAR



ACCESORIOS DEL ALTAR

            1- El tabernáculo y la lámpara votiva.
            2- La cruz
            3- Los cirios
            4- Los manteles
            5- Sacras y atril


1)- EL TABERNÁCULO


FALDISTORIO

FALDISTORIO




Silla plegable movible que usa el obispo en funciones pontificales fuera de su catedral, o dentro de ella si no está en su trono o cátedra; también la usan otros prelados que gozan del privilegio de pontificales completos. 


En la catedral de cada diócesis se encuentra la cátedra o trono del obispo. En ella únicamente se puede sentar el obispo diocesano o el obispo a quien éste se lo permita. En la forma tradicional, cuando un obispo celebra en una catedral de otra diócesis y no se le concede el uso de la cátedra, usa una silla especial llamada “faldistorio pontificio” o “pontificaleta”. De ahí se decía que se podía “celebrar al trono” o “celebrar al faldistorio”
Las misas papales siempre se celebran “al trono”, porque la jurisdicción del papa es suprema. Los cardenales, salvo cuando están en Roma, también celebran “al trono”. Un arzobispo también puede celebrar “al trono” en las catedrales de las diócesis sufragáneas de su arquidiócesis.
Juan XXIII
cubriendo el Faldistorio con el Manto Papal
El faldistorio también puede ser usado por un obispo en su catedral en algunos ritos particulares, como en las ordenaciones, en las que predica, recibe las promesas e impone las manos en un faldistorio colocado frente al altar. En el nuevo rito se prevé la opción de que estas acciones las presida desde la cátedra o desde “una sede” especial colocada frente al altar. (CO nn. 493, 499, 532, 546, 576)

El hecho de que el papa siempre celebre “al trono” no significa que no se utilice el faldistorio en la liturgia papal. Se usa, pero no como asiento, sino como reclinatorio del papa. El Santo Padre pone las rodillas sobre un cojín y recarga los brazos y el tronco sobre el faldistorio.

FACISTOL



facistol al atril grande donde se pone el libro o los libros de canto en las iglesias.

TENEBRARIO



Un tenebrario es un candelabro de forma triangular con quince velas, dispuestas escalonadamente, que se van apagando progresivamente durante el Oficio de tinieblas, en Semana Santa.

EL PALIO PROCESIONAL




Palio Procesional


Se le llama palio procesional o baldaquino a un dosel (especie de toldo) que sostenido por varales se utiliza en las procesiones para resguardar al sacerdote que lleva el Santísimo Sacramento, reliquias o imágenes. 
Suele estar bordado ricamente en sus caídas (bambalinas), así como en el techo o cielo. Para el mismo efecto, lo usan también los reyes, el papa y otros prelados en ciertas funciones y en su entrada pública en las ciudades. Es costumbre que el obispo diocesano, al tomar posesión de su catedral, haga su primer ingreso solemne bajo palio.
El palio es un paño rectangular, sostenido por cuatro o más varas, siempre en número par, que van unidos a los lados más largos de aquel; hay el sencillo y el armado en un bastidor rectangular.

Origen

El origen del palio que trata este artículo pudo ser el dosel que quizás debió cobijar antes el trono de los reyes que la silla papal.
  • La forma primitiva del palio es la tienda, cuyo recuerdo tardó mucho tiempo en desaparecer, pues el hombre opulento rodeó de cortinas su lecho. Recuerda en cierto modo la tienda en la que reposaba el Arca de la Alianza, que contenía las Tablas de la Ley durante el éxodo del pueblo de Israel en el desierto.



Su uso como elemento litúrgico es de origen bizantino, recibe su nombre por extensión, del manto heleno antes mencionado, puesto que es una especie de dosel, generalmente de seda suntuosamente bordada, colocado sobre cuatro o más varas; en teoría, lo apropiado es que estas varas sean doce, representativas de los Apóstoles, y el portarlas se considera un privilegio reservado en ciertas solemnidades a personajes de gran relieve religioso, civil o militar.

USOS

Se utiliza en las procesiones cubriendo al sacerdote que porta el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, normalmente en custodia u otro tipo de ostensorio, y también era frecuente su utilización acogiendo a los Papas.

La altura del palio, a veces realzada por la incorporación de penachos con plumas de vistosa policromía en los ángulos de las esquinas,
permitía que las multitudes se percatasen con tiempo suficiente de que el Santísimo, o el personaje recibido bajo ese dosel ambulante, se acercaba al punto donde se encontraban los espectadores, además de conferir extraordinaria solemnidad a los desfiles procesionales, pues su paso ha de resultar forzosamente lento.

Rey de España bajo palio
Los Reyes católicos de España utilizaron habitualmente el palio desde los tiempos visigodos hasta 1931, y podemos recordar aquí las pinturas que representan al Emperador Carlos V cabalgando junto al Papa en Bolonia en el cortejo de la Coronación del César, el 24 de febrero de 1530, pero esta utilización del palio procesional no era privativa de los soberanos españoles, que compartían tal costumbre con los Reyes Cristianísimos de Francia y los monarcas ingleses. 

Los Emperadores de Austria asistían con pompa indescriptible a la procesión del Corpus Christi en Viena, como atestiguan las añosas fotografías del reinado de Francisco José I y los ortodoxos Emperadores de Todas las Rusias, cabeza de su Iglesia nacional y herederos del ceremonial bizantino religioso y civil, desfilaban bajo palio al coronarse en el Kremlin moscovita, como lo hizo Nicolás II, por última vez, en 1896.

SIGNIFICADO


El palio, significa la protección de la Iglesia a la persona, imagen, objeto o figura que se cobija bajo él.

Pero su uso más frecuente es la de cubrir la Custodia Eucarística en algunas celebraciones, sobre todo en la festividad del Corpus y, a veces, amparando a los prelados, como ocurre cuando un nuevo Obispo efectúa su entrada oficial en la localidad sede de su diócesis.


EN LOS PASOS

Sobre todo en España el palio conserva una vigencia inusitadamente espléndida. Los palios presentan una magnificencia en las imágenes marianas en los pasos de la Semana Santa española.


La tradición asegura que se trata de evitar a la Virgen la posibilidad de percatarse del sufrimiento de su Hijo Redentor, cegándola con el resplandor de un mar de cirios, la belleza de los adornos florales y el aroma del incienso
y, también, la brillantez de las joyas con que la adornan, de los bordados de oro de los mantos y del palio, cuyos varales, frecuentemente de plata repujada, se convierten en muchas ocasiones en auténticas joyas que parecen bailar rítmicamente al son de las marchas procesionales y de las saetas.








OBISPO BAJO PALIO



ROSA DE ORO: Domínica Laetare




Antigua y venerable costumbre al par que poco conocida en nuestros tiempos es la de la bendición de la Rosa de Oro, ceremonia vinculada a la Domínica Laetare o mediana (por ser como el meridiano de la Cuaresma) y por cuya razón se llama asimismo “Domingo de la Rosa”. 

Es ésta una altísima distinción que, bajo la forma de esta flor hecha de oro, otorga el Papa a personalidades católicas principales, particularmente princesas, y a santuarios e imágenes de la Cristiandad. 

No está claro el origen de esta costumbre, en la que hay que distinguir el acto mismo de la bendición de la Rosa de Oro y su consigna, que no parecen haber tenido un origen simultáneo. Algunos autores, como Fr. José de Sigüenza, hacen remontar la bendición a la Antigüedad cristiana; otros la retrasan hasta la época de San León IX (imagen abajo), quien la habría instituido en 1049 al autorizar la fundación de un monasterio en Benevento, con la obligación de sus monjas de ofrecer cada año a la Sede Apostólica, a cambio de las inmunidades y privilegios concedidos a su comunidad, una rosa hecha de oro para ser bendecida en la cuarta domínica de Cuaresma. 

EL PORTAPAZ






Los portapaces son objetos religiosos destinados a dar el ósculo de la paz. Los portapaces tienen por objeto dar a los fieles en la Misa el ósculo de paz de un modo honesto, religioso y rápido. 

En los primeros siglos de la Edad Media consistían en una varilla metálica terminada por algún emblema religioso. 

Desde el siglo XIII ha prevalecido la forma de cuadrito con imágenes de relieve semejando una portadita o un pequeño retablo. 

Un portapaz es un pequeño retablito de plata, es decir, una arquitectura de plata, que lógicamente sigue las pautas artísticas de cada momento. 

Ese retablito solía tener una hornacina central que albergaba una determinada iconografía, usualmente alusiva a la titularidad del templo que acogía al portapaz. 

Esta pieza tenía una función concreta: durante la celebración de la Misa, el sacerdote instaba a los fieles a darse la paz y éstos practicaban el beso ritual en el centro de ese retablo de platería, que sería cogido por un acólito o monaguillo por un asa ubicada en su parte posterior. 

Normalmente había dos portapaces, uno para hombres y otro para mujeres. 

La evolución de la Liturgia y todas sus consideraciones han provocado que los portapaces queden relegados a los museos de arte sacro, donde pueden ser contemplados. 

En la Iglesia primitiva el signo de la Paz estaba situado antes de la presentación de las ofrendas. Hoy son varias las conferencias episcopales que están estudiando la posibilidad de recuperar el momento previo a la presentación de las ofrendas para situar el rito de la Paz. 

Pero retornando al tema del Portapaz en cuanto objeto litúrgico de uso habitual, era de metal u otro material generalmente noble, del tamaño de la palma de la mano, solían tener una imagen de Cristo Crucificado, de la Virgen María o de algún Santo. La parte de atrás del Portapaz tenía una adaptación a la curva de la mano para poder sostenerlo cómodamente y poderlo dar a besar a los fieles durante el rito de la Paz. 

La separación en la asamblea litúrgica de hombres y mujeres propició la aparición de los “osculatorium” o “instrumenta Pacis”. Los más antiguos que se conservan datan del S. XV. 

El antecedente todavía más remoto de los “osculatorium” es la patena de la oblata Eucarística. En el siglo XI se relata que a las palabras “da propitius pacem” el Papa besaba la patena transmitiendo la Paz al clero, incluso se besaba la hostia. Con esto se significaba que Cristo es la fuente de la Paz, por otro lado es el saludo de Cristo resucitado a sus apóstoles. 

A veces, eran los libros litúrgicos los que servían de Portapaz, especialmente el Evangeliario. El antiguo ceremonial de los Obispos menciona el uso de los oscilatorios. 

En el momento de la Paz, los ministros pasaban el Portapaz dándolo a besar, otras veces los mismos fieles lo pasaban de mano en mano. 

Los temas más repetidos son el nacimiento y la Pasión de Cristo. Asimismo, abundan los temas marianos y, finalmente, se encuentra la representación de los santos, habitualmente los patrones de la iglesia o capilla en la cual el portapaz cumplía su función. 

Una característica iconográfica muy común en el Renacimiento es la representación en el frontón –de forma semicircular− de la figura del Padre Eterno. 

También se puede encontrar en el bancal el escudo con la heráldica del donante o del destinatario. 

En el Museu Frederic Marès se conserva una extensa colección de portapaces 









CUCHARILLA LITÚRGICA




Son varias las cucharillas conocidas por la liturgia cristiana, una de ellas, acaso la más notable por su condición de vaso sagrado, mejor “cubierto sagrado” en este caso, es la utilizada para administrar  la comunión en los ritos orientales. Otra, la que acompaña a la naveta del incienso, es de uso imprescindible cuando la naturaleza de la celebración prevé los sahumerios de esta olorosa resina. Una tercera, de menor tamaño y uso facultativo durante el ofertorio, es de la que hoy le hablaré, mi querido lector.

CANDELEROS Y CANDELABROS



Candelabro 
de tres brazos

Candelero: Es el mobiliario litúrgico que se utiliza para sostener un solo cirio, es de un solo cuerpo.

Todo altar consagrado debe tener al menos seis candeleros.

Candelabros: Es el mobiliario litúrgico que posee dos o más brazos para sostener igual número de cirios.

La Instrucción General del Misal Romano dispone que, sobre el altar, o cerca de él, debe colocarse en todas las celebraciones por lo menos dos candeleros, o también cuatro o seis, especialmente si se trata de una Misa dominical o festiva de precepto (n. 117)
De acuerdo a ello, hay dos opciones para poner los candeleros: sobre el altar o cerca de éste. Si la cruz se pone en el centro del altar, siguiendo la tradición, lo más conveniente es que se pongan las velas a sus lados.
El número de candeleros es par, conforme a la Instrucción: pueden ser dos, cuatro o seis.
De acuerdo a la tradición, que implícitamente reconoce la Instrucción, aunque existan seis velas no se encienden todas en las celebraciones. Se encienden dos en las ferias o memorias; cuatro en las fiestas; y seis en los domingos y en las solemnidades.
Cuando celebra el obispo diocesano deben de usarse siete velas según lo indica la Instrucción General del Misal Romano y el Ceremonial de Obispos (IGMR 117, CE 125). La razón de esto es porque el número siete, en las Escrituras, simbolizan la perfección. Siete son los días de la semana, siete los diáconos para el servicio terrenal, siete los sacramentos, siete los dones del Espíritu, y el Apocalipsis habla de siete lámparas ardiendo delante del trono. De esta forma, se usan siete velas para destacar la plenitud del sacerdocio de la que participa el obispo. Es un signo que expresa la preeminencia episcopal.
Hay que decir que sólo se usan las siete luces si el obispo que oficia es el ordinario del lugar, o sea, el que tiene la jurisdicción en la diócesis. Si un obispo oficia fuera de su jurisdicción no se encienden las siete luces, al igual que no portan báculo.

Ahora, en las misas de difuntos, aunque celebre el obispo diocesano, no se usan las siete velas sino únicamente seis, de acuerdo a una antigua tradición ya recogida en el Ceremonial de Obispos de 1886.

Tradicionalmente los candeleros para la celebración del Santo Sacrificio de la Misa, son colocados de manera simétrica a ambos lados del crucifijo, directamente sobre el altar o cerca de el.

Han de ser candeleros, no está permitido el uso de candelabros, y mucho menos reemplazarlos por apliques fijados al retablo o muros.

Generalmente los candeleros del altar constan de tres elementos: un basamento o pie que lo sostiene, un tallo o vástago más o menos alto y un cajillo donde se inserta el cirio (o a veces una punta donde se lo clava). El cajillo suele llevar en su base un platillo para recoger la cera derretida. 

La altura de los candeleros debe ser proporcional a la de la cruz de altar, en concreto: deben llegar aproximadamente a la altura de la punta de abajo de la cruz, lo que significa que han de ser tan altos como el tallo sobre el que se asienta la cruz de altar. 

Generalmente, si se trata de un juego completo, el vástago de los candeleros y candelabros y el de la cruz tienen la misma forma y el mismo tamaño.

Estos objetos litúrgicos deben estar constituidos por material noble y decente como la plata, el bronce o el oro.

CIRIOS

Sobre los candeleros han de disponerse los cirios. Los cirios que se ponen en el altar han de ser completamente de cera o de cera en su mayor parte.


Es costumbre que las velas del altar sean de cera blanca o crema. Antiguamente estaba prescrito usar velas blancas en las fiestas y solemnidades, y velas amarillas en las Misas de difuntos y en las de Adviento y Cuaresma.

No hay obligación de usar cera de abeja. Las velas eléctricas, además de ser estéticamente feas, no cumplen con el simbolismo de una vela natural: consumirse iluminando, como debemos hacer los católicos en nuestra vida. 
Se tolera el uso de tubos que imitan los cirios verdaderos y que contienen cera en su interior o parafina líquida e incluso aceite.

El grosor y la altura de los cirios es una cuestión estética y dependerá de la altura y estilo de los candeleros.





Candeleros


Candelero

Para la Santa Misa

Para la celebración de la Santa Misa se deben encender el número de cirios que señale del día litúrgico, con el objeto de expresar el grado de importancia:

Ferias: En de los días feriales o memorias han de encenderse 2 cirios sobre el altar. (Los más próximos al crucifijo del altar). 

Fiestas: En los días de fiesta han de encenderse 4 cirios sobre el altar. 

Solemnidades: Los Domingos, Solemnidades, fiestas de precepto, así como en celebraciones de mayor importancia, han de encenderse 6 cirios.


6 cirios: solemnidades 

Pontifical: Para la Santa Misa Pontifical o Estacional, es decir la celebrada en ciertas ocasiones por el Papa o por el Ordinario del lugar, han de encenderse 7 cirios. Este séptimo cirio se suele ubicar en la parte posterior del Crucifijo en el centro del Altar. 

7 cirios

No obstante se permiten además de las seis litúrgicas colocadas a ambos lados de la cruz, más cirios, siempre que no se coloquen en línea recta. ( S.R.C.5 Dec. 1991, Lucana, 1).

Para la Exposición con el Santísimo

Solemne: Para la Exposición Mayor o Solemne con el Santísimo sacramento, se encenderán 12 Cirios. En este caso al menos 6 cirios serán colocados en candeleros, y los otros 6 se podrán colocar sobre candelabros. 

Para las 40 horas es tradición emplear 20 velas.

Menor: Para la Exposición Menor o simple con el Santísimo Sacramento, en la que no se emplea la Custodia, se encenderán 6 cirios, los cuales pueden ser colocados en candeleros o candelabros.



FORMA DE ENCENDER 
LOS CIRIOS

7 cirios

Las velas deben de encenderse antes de la misa. No existe una rúbrica sobre cómo han de encenderse, pero la práctica tradicional es comenzar por el lado derecho del altar, alumbrando primero el que se encuentra más cerca del crucifijo y terminando por el más alejado. Después se procede del mismo modo en el lado izquierdo del altar. 


Para esto el ministro se ubicará al frente del altar de cara al retablo (coram Deo), no de cara al pueblo, y encenderá primero el cirio que se encuentra frente al crucifijo, en caso que se trate de una misa pontifical o estacional, y luego los ubicados a la derecha.

Si no es una misa pontifical se encenderá primero el cirio más próximo del lado derecho del crucifijo, luego los dos siguientes de ese lado.

Enseguida encenderá el cirio más próximo al crucifijo del lado izquierdo y luego los siguientes: 

Gráficamente: (seis cirios) 

  6 5 4  1 2 3


FORMA DE 
APAGAR LOS CIRIOS

Para sofocar los cirios se utilizará una copa, con la cual se ahogará la llama, esto con el propósito de impedir el derramamiento de la cera. 

Para apagar los cirios se sigue el orden inverso: se comenzará por el último cirio encendido del lado izquierdo, que es el más apartado de la cruz, luego el siguiente del mismo lado hasta llegar al más próximo del crucifijo. 

De igual manera sucede al lado derecho: se apagará el cirio más distante del crucifijo, luego por orden hasta terminar con el más próximo al crucifijo, de tal suerte que el primer cirio encendido debe ser el último en apagarse.

Gráficamente: (seis cirios)

1 2 3  6 5 4



Empobrecimiento 
de la liturgia

Hoy es frecuente notar que se coloquen los cirios de un solo lado del altar, o que solo coloquen los mínimos requeridos que son dos (2). Con este descuido se empobrece y ensombrece el sentido del Santo Sacrificio de la Misa. 

El poner los cirios a ambos lados del altar tiene una simbología importante sacrificial, dado que evoca el sacrificio que Dios mandó realizar a Moisés y a su pueblo entre luces (Ex. 12, 6), o también lo del profeta Malaquías, desde donde sale el sol hasta el ocaso (como rezamos en la Plegaria Eucarística III), y también el Sal. 113, 3: ¡De la salida del sol hasta su ocaso, sea loado el nombre de Yahveh! 

Hermosísimas son las palabras de Romano Guardini evocando el sentido espiritual del cirio: 

«Helo aquí sobre el candelero. Amplio y seguro se sienta su pie sobre el altar; el tronco se yergue robusto, macizo. El cirio estrechado en su vaina de bronce y sostenido en el disco colocado de plano se lanza hacia lo alto. Poco a poco su figura parece que rejuveneciera. 

Modelado con exquisita delicadeza, es no obstante macizo. Helo ahí siempre recto en el espacio, esbelto, en su pureza intacta: sin renunciar a sus colores de tonos pálidos. Por su inmaculada blancura y su forma esbelta, el cirio se distingue de todas las cosas que lo rodean. En lo más alto se cierne la llama. Y en ella el cirio transforma su carne purísima en luz cálida y luminosa. ¿No es verdad que su vista evoca en tu espíritu una idea de nobleza? ¡Mira!... Cómo se mantiene inmóvil, arrogantemente en su sitio sin titubear, todo purísimo. Todo en él nos dice: "¡Estoy dispuesto, estoy alerta!". 

Y el cirio está, día y noche, allí donde debe estar: ante Dios. Nada de cuanto compone su ser escapa a su misión; nada frustra su fin: el cirio se entrega sin reserva. Está para eso: para consumirse. Y se consume cumpliendo su destino de ser luz y calor. "Pero ¿qué sabe de todo eso el cirio -me dirás- si no tiene alma...?" Es verdad. Entonces tú debes darle una. ¡Haz del cirio el símbolo de tu propia alma!» (de Los signos sagrados).










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