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CEREMONIA DE NAVIDAD

CEREMONIAS 
DE NAVIDAD

Las familias se reúnen en noche buena, víspera de la Navidad, para celebrar el nacimiento del Hijo de Dios. Para ello se acostumbra preparar una rica cena especial, distinta a la de todos los días y en un ambiente fraterno y festivo.



CENA DE NAVIDAD

El menor de los asistentes pregunta a quien preside la cena -preferiblemente el Padre o la Madre del hogar- las razones por las cuales se celebra esta fiesta.


Menor. ¿qué celebramos en esta noche, que todo es tan distinto? 

Adulto: Un día fuimos esclavos del pecado y para liberarnos nuestro buen Padre Dios nos envió hace 2000 años a su amado hijo, para que fuera nuestro Redentor. 

Dios, en su inmenso amor envió a su único hijo, para que la amistad perdida fuera restablecida. Él mismo nos reúne esta noche para celebrar ese acontecimiento.

Se narra la historia del nacimiento de Jesús:


Lectura del Santo Evangelio 
según San Lucas 
(Lc. 1 y 2)

En tiempos del rey Herodes, envió Dios al ángel Gabriel a un pueblo llamado Nazaret, para que visitara a una joven virgen llamada María.

El ángel entró donde ella estaba, y le dijo:

–¡Dios te salve María, llena eres de gracia! El Señor está contigo.

La Virgen se sorprendió de este saludo.

El ángel le dijo:

–María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. 

Vas a quedar embarazada: tendrás un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será un hombre grande, el Hijo del Dios altísimo.

María preguntó al ángel:

¿Cómo puede suceder esto, yo soy virgen, no vivo con ningún hombre?

El ángel le contestó:

–El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el niño que va a nacer será Santo e Hijo de Dios. 

Entonces María dijo:

– He aquí a la esclava del Señor. ¡Hágase en mí según tu palabra!

Con esto, el ángel se fue.

Y sucedió que mientras José y María estaban en Belén, a María le llegó el tiempo de dar a luz, y en una noche santa como esta nació Jesús su primogénito (se guardan unos segundos de adoración en silencio).

Luego su madre lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había alojamiento para ellos en la comarca.

Cerca de Belén había unos pastores que pasaban la noche en el campo cuidando sus ovejas, y se les apareció el ángel diciéndoles: 

“Os traigo una buena noticia que será motivo de gran alegría para todos: Hoy os ha nacido el salvador, Cristo, el Señor.

Y de repente aparecieron muchos otros ángeles del cielo que alababan a Dios diciendo:

“¡Gloria a Dios en el cielo! ¡y en la tierra paz a los hombres que aman al Señor!”

Los pastores fueron a Belén y encontraron al Niño en el pesebre, y regresaron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído.

Palabra de Dios

Todos: Te Alabamos Señor 

Adulto: Feliz Navidad!!!!
Todos: Feliz Navidad!!!



BENDICIÓN 
DE LOS ALIMENTOS

V. Padre Santo, en esta noche buena donde celebramos la natividad de tu amado Hijo, nos hemos reunido en torno a esta mesa para conmemorar su venida.

Te pedimos bendigas este alimento que tu generosidad nos ofrece, a la vez te rogamos por los que no tienen pan, ni casa, ni trabajo, por los que no tienen familia, o no tienen paz porque les faltas Tú.

Que el corazón de cada hombre sea un humilde pesebre donde tu Hijo pueda nacer y crecer sin divisiones, y así algún día nos hagas participes también de la mesa celestial

R. Amén



CEREMONIA PARA ACOSTAR 
AL NIÑO DIOS


Luego de la cena, si se juzga oportuno, se reúne la familia junto al pesebre y se hace la ceremonia de Arrullo al Niño Dios. En lo posible la preside el Papá o la Mamá del hogar, mientras todos se hacen alrededor del nacimiento.

V. Para recibir convenientemente a Dios, que en esta noche maravillosa se hizo hombre para salvarnos, reconozcamos que somos pecadores y que necesitamos de su salvación.

Todos: Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso, ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

Enseguida el más pequeño de la familia, o cualquiera, toma la imagen del niño Jesús y la entrega a cada uno de los presentes, para que con un beso le rindan veneración. Cuando todos concluyan, se colocará en el pesebre.

Durante el ósculo se pueden cantar Villancicos.


Noche de Paz

Noche de paz, 
noche de amor,
Todo duerme en derredor.

Entre sus astros que esparcen su luz
Bella anunciando al niñito Jesús
Brilla la estrella de paz
Brilla la estrella de paz

Noche de paz, noche de amor,
Todo duerme en derredor
Sólo velan en la oscuridad
Los pastores que en el campo están;
Y la estrella de Belén
Y la estrella de Belén

Noche de paz, 
noche de amor,
Todo duerme en derredor;
sobre el santo niño Jesús
Una estrella esparce su luz,
Brilla sobre el Rey
Brilla sobre el Rey.

Noche de paz, 
noche de amor,
Todo duerme en derredor
Fieles velando allí en Belén
Los pastores, la madre también.
Y la estrella de paz
Y la estrella de paz.


Ver también: Adeste Fideles


A Belén Pastores

A Belén pastores debemos marchar,
que el Rey de los reyes ha nacido ya (bis)

Vamos pastorcitos, que el Rey celestial,
tiene por morada humilde portal.

A Belén pastores debemos marchar,
que el Rey de los reyes ha nacido ya (bis)

La Virgen bendita mimándolo está,
de rodillas todos vámosle a adorar.

A Belén pastores debemos marchar,
que el Rey de los reyes ha nacido ya (bis)

Muy fría la nieve que cayendo está,
ay el pobrecito, que frío tendrá.

A Belén pastores debemos marchar,
que el Rey de los reyes ha nacido ya (bis)

Sobre unas pajitas tendidito está,
ay el pobrecito, cómo llorará.

A Belén pastores debemos marchar,
que el Rey de los reyes ha nacido ya (bis)


Campanas

Campana sobre campana,
y sobre campana una,
asómate a la ventana,
verás al Niño en la cuna.

Belén, campanas de Belén,
que los ángeles tocan
¿qué nueva me traéis?

Recogido tu rebaño
¿a dónde vas pastorcillo?
Voy a llevar al portal
requesón, manteca y vino.

Belén, campanas de Belén,
que los ángeles tocan
¿qué nueva me traéis?

Campana sobre campana,
y sobre campana dos,
asómate a esa ventana,
porque está naciendo Dios.

Belén, campanas de Belén,
que los ángeles tocan
¿qué nueva me traéis?

Campana sobre campana,
y sobre campana tres,
en una Cruz a esta hora,
el Niño va a padecer.

Belén, campanas de Belén,
que los ángeles tocan
¿qué nueva me traéis?


PETICIONES

V. Pidámosle al Niño Dios, que así como es el centro de este nacimiento, sea todos los días el centro de nuestra vida.
R. Te lo pedimos, Señor.

V. Que Jesús, que pudiendo haber nacido rico quiso nacer pobre, nos enseñe a estar contentos con lo que tenemos.
R: Te lo pedimos, Señor.

V. Que Jesús, quien vino a perdonarnos, nos enseñe a no ser rencorosos con los demás.
R. Te lo pedimos, Señor.

V. Que Él, que vino a fundar la mejor familia del mundo, haga que en la nuestra reine siempre el amor y la paz
R. Te lo pedimos, Señor.

Oración Final

V. Dios Padre,
que nos enviaste a tu Hijo muy amado,
te pedimos confiados, 
el imitar las virtudes
de la sagrada familia,
para que, así como ahora acogemos
gozosos a tu Hijo Redentor,
lo recibamos también
cuando venga al fin de los
tiempos, 
por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos: Amén.

Felices pascuas de Navidad!!!


Enseguida se reparten los obsequios de navidad, o los huevos de pascuas, en caso de que así lo tengan por costumbre.




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VIERNES DE PARASCEVE

VIERNES DE PARASCEVE


Luna de Parasceve

La liturgia de la pasión que hoy celebramos el Viernes Santos se denominaba antaño "Viernes en Parasceve". 

Paresceve era el nombre que los judios le daban al viernes, por ello así se denominó al Viernes Santo, fecha anterior al sábado, día que no podía realizar ninguna labor por ser plena Pascua Judía. 

La luna de Parasceve, es la primera luna llena de la recién estrenada primavera, la que marca la Pascua Judía. Esa luna alumbró el huerto de los Olivos mientras Jesús rezaba, una luna testigo de su prendimiento y del beso de la traición de Judas.

Fue en el 325 D.C. en el Concilio de Nicea cuando se estableció que la fiesta de Pascua de Resurrección se celebrara en todo el mundo cristiano el primer domingo después de la primera luna llena de primavera, la luna de Parasceve.

Esta luna anuncia la Pascua y nos sitúa en el día 14 de Nisán hebreo -el 7 de abril del año 30 de nuestra era-, la fecha más importante de la historia por consumarse el sacrificio de Cristo en la cruz.

Parasceve


(griego, paraskene). Entre los judíos helenísticos es el nombre para el viernes.

Parece haber remplazado el antiguo término griego: prosabbaton, que se utiliza en la traducción de Judit 8,6, y en el título ---que no se encuentra en hebreo--- del Salmo 92(91). 

Se convirtió, entre los judíos helenísticos, en el nombre para el viernes, y fue adoptado por los escritores eclesiásticos griegos después de la redacción de "La enseñanza de los Doce Apóstoles".

 Al parecer, los judíos primero la aplicaron a la tarde del viernes, luego a la totalidad del día, y su etimología apunta a los "preparativos" a ser hechos para el sábado, como se indica en la Biblia del Rey Jaime I, donde se traduce la palabra griega como “día de preparación”. 

Para que las regulaciones de la Ley se observaran minuciosamente, se hizo imprescindible preparar en el parasceve tres comidas de los más selectos alimentos y dejarlos listos antes del atardecer (pues el sábado comenzaba en la noche del viernes). 

Estaba prohibido en la tarde del sexto día llevar a cabo "cualquier tipo de negocio que pudiese extenderse hasta el sábado; Augusto relevó a los judíos de ciertos deberes legales desde la hora novena (Josefo, "Antiq Jud.", XVI, VI, 2).

Parece que parasceve se aplicó también a la víspera de ciertos días festivos de carácter sabático. El principal de ellos fue el primer día de los ázimos, 15 de Nisán. 

Aprendemos de la Mishná (Pesach., IV, 1, 5) que la parasceve de la Pascua, cualquier día de la semana que cayese, se mantuvo incluso más religiosamente que el viernes ordinario, pues en Judea el trabajo cesaba a mediodía, y en Galilea era todo el día libre. En las escuelas la única pregunta discutida respecto a esta parasceve particular era cuándo comenzaría el descanso: Shammai dijo que desde el principio del día (noche del 13 de Nisán), Hillel dijo que sólo después de la salida del sol (por la mañana del 14 de Nisán).

El uso de la palabra parasceve en los Evangelios plantea la pregunta sobre la fecha exacta de la crucifixión de Nuestro Señor. Todos los evangelistas afirman que Jesús murió en el día de la parasceve (Mt. 27,62; Mc. 15,42; Lc. 23,54; Juan 19,14.31), y no puede haber duda a partir de Lc. 23,54-56 y Jn. 19,31 que era viernes. 

¿Pero en qué día del mes de Nisán cayó ese viernes particular? San Juan claramente señala al 14 de Nisán, mientras que los sinópticos, al implicar que la Última Cena fue la cena pascual, da la impresión de que Jesús fue crucificado el 15 de Nisán. Pero esto es difícilmente reconciliable con los siguientes hechos: cuando Judas salió de la mesa, los discípulos se imaginaron que iba a comprar las cosas que se necesitaban para la fiesta (Juan 13,29), una compra que era imposible si la fiesta hubiese comenzado; después de la Cena, Nuestro Señor y sus discípulos salieron de la ciudad, como también hicieron los hombres designados para arrestarlo ---esto, en 15 de Nisán, habría sido contrario a Éxodo 12,22; 

A la mañana siguiente los judíos todavía no habían comido la Pascua: además, durante ese día, el Consejo se reunió; Simón al parecer venía de trabajar (Lc. 23,26); Jesús y los dos ladrones fueron ejecutados y fueron bajados de las cruces; José de Arimatea compró una sábana (Mc. 15,46), y Nicodemo trajo "una mezcla de mirra y áloe de unas cien libras" (Jn. 19,39) para el entierro; por último, las mujeres prepararon las especias para el embalsamamiento del cuerpo del Salvador (Lc. 23,55) ---todas estas cosas habrían sido una profanación del 15 de Nisán. 

La mayoría de los comentaristas, ya sea crean que la Última Cena fue la cena pascual o una anticipación de la misma, sostienen que Cristo, como afirma San Juan, fue crucificado en la parasceve de la Pascua, el viernes, 14 de Nisán.



LIRURGIA DEL VIERNES 
DE PARASCEVE


El viernes de parasceve sufrió reformas con Pío XII, empezando por su nombre que cambió por viernes santo y así se conserva hasta hoy. Así se celebraba antes esta liturgia:

Empecemos por el altar. 

El altar aparece desnudo, más o menos como en la foto, adornado por una cruz velada - preferentemente con un paño negro aunque también puede ser violeta – y seis candelabros, tres a la siniestra y tres a la diestra de la cruz.

Tras la hora de Nona, el sacerdote y los ministros, revestidos con ornamentos negros, se acercan al altar, sin ciriales ni incienso, postrándose para orar durante unos instantes; los acólitos, de mientras, extienden sobre el altar un solo mantel de color blanco, mantel que no cubre el frontal de la Mesa de altar.




Primera parte de la Liturgia 
del Viernes in Parasceve 

En la Misa de los Catecúmenos. 

El celebrante y los ministros, tras besar el altar, pasan al lado de la Epístola. Entonces un lector canta, en el mismo sitio en que se lee la Epístola, la primera lección, sacada del profeta Oseas (Os 6, 1-6), a la que no se responde con el Deo grátias.


A continuación sigue la lectura de un Tracto (Hab 3), concluido el cual, el sacerdote dice: Orémus, el diácono Flectamus génua y el subdiácono Leváte.



A continuación el celebrante canta la oración colecta Deus, a quo et Judas (Oh Dios, de quien Judas recibió el debido castigo por su pecado y el buen ladrón el premio de su confesión…) y, en ese momento, el subdiacono se despoja de su casulla plegada y canta una segunda lección en tono de Epístola (Ex 12, 1-11). Una vez terminada la segunda lección se pasa al segundo Tracto, correspondiente al Salmo 139 (Ps 139, 2-10.14). Es muy interesante este Tracto porque el que habla es Cristo, acongojado, con la previsión de sus tormentos. Concluido el Tracto, los diáconos cantan la Pasión, mientras que el celebrante en voz baja, la lee en el lado de la Epístola. Tres diáconos cantan el Evangelio, como ocurría el Domingo (Pasión según San Mateo), Martes (Pasión según San Marcos) y Miércoles (Pasión según San Lucas).

Al finalizar la lectura de la Pasión, el Diácono se despoja de su casulla y la dobla sobre sus hombros o se pone el estolón. Entre las ceremonias entre las que se desarrolla el canto del Evangelio es que no hay bendición, aparte de las ya contadas más arriba.

Tras el Evangelio empieza la segunda parte de la Liturgia: las Oraciones.



El sacerdote de pie en el lado de la Epístola, extendidos y levantados los brazos, prosigue en actitud orante las plegarias por todo el mundo, ya que es un día santísimo de general perdón. Esta segunda parte de la Liturgia es un recuerdo de las preces que se rezaban en la Iglesia primitiva. Estas oraciones letánicas muestran que los efectos de la muerte del Señor alcanzan a todas las necesidades de la Iglesia y del género humano, incluida la previsión de la conversión del pueblo judío. El celebrante nos invita a orar (Oremus), mientras que el diácono nos invitará a arrodillarnos (Flectamus genua) y, finalmente, el subdiácono nos dirá cuando levantarnos (Leváte).

Sólo en la oración por los judíos, en recuerdo del ludibrio al que fue sometido el Señor por ellos y los soldados romanos, sus genuflexiones y escarnios, no se contesta a la oración del sacerdote diciendo Amén ni se dice a continuación Oremus ni Flectamus genua (no hay genuflexión). 


Concluido este rito, los ministros vuelven a sus sedilias, donde el celebrante y el subdiácono se quitan sus casullas. Mientras tanto, una alfombra morada se coloca en las escaleras del altar y un almohadón con un filo dorado y cubierto con un velo se dispone para recibir la Cruz. El celebrante y el subdiácono permanecen delante del lado de la Epístola, mirando al pueblo, mientras que el diácono toma la Cruz del altar y la lleva hasta el celebrante. El sacerdote descubre la parte de la arriba de la Cruz y canta Ecce lignum Crucis, a los que responde el coro Venite Adoremus, mientra que todos, menos el preste, están arrodillados en actitud de adoración. Después, adelanta un poco y descubre el brazo derecho de la Cruz, la levanta más y en tono más alto vuelve a entonar el Ecce lignum Crucis. Tras repetir todo lo anterior, se descubre finalmente la Cruz y se vuelve a entonar el Ecce, mucho más alto.

A continuación, el celebrante coloca la Cruz en el sitio que hemos descrito un poco más arriba, delante del Altar, arrodillándose; luego se descalza, y va a adorar la cruz, haciendo tres genuflexiones antes de besarla. Después se calza y toma su casulla. Después se acercan los ministros, el clero y los seglares, haciendo también tres genuflexiones. Mientras dura la adoración, se cantan los improperios. El celebrante, sentado, lo lee con sus ministros.




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MARONITAS


                               El Cardenal Boutros Rai es el Patriarca de los Maronitas.

¿Quiénes son estos católicos de Rito oriental?
Los orígenes de la Iglesia maronita son inciertos, y existen textos medievales que la sitúan en la herejía monotelita (de mono=uno y thelema=voluntad, una única voluntad), según la cual, Jesús tendría dos naturalezas, pero una sola voluntad. Una herejía que se hizo fuerte durante el reinado del Emperador bizantino Heraclio (610-641), y que pretendía superar el enquistado debate monofisimo-diofisismo.
En cualquier caso, parece que la Iglesia maronita nace en el s. V, fundada por un monje llamado Marón del que recibe el nombre, el cual reúne a una serie de seguidores a orillas del río Orontes, entre Alepo y Antioquia. En las disputas entre monofisitas y diofisitas, los maronitas habrían permanecido fieles en todo momento a la ortodoxia y con Constantinopla, bajo cuya órbita continuarían cuando ésta sucumbre al monotelismo, y con la que, sin embargo, romperán, bajo el patriarcado de otro Marón, San Juan Marón, en 681.
Constituyen, en todo caso, el clásico caso de comunidad cristiana aislada en medio de poderosos enemigos de religión no cristiana (persas, árabes, turcos), y muy celosa, por cierto, de su independencia, la cual defenderá con ardor en numerosas ocasiones… Una comunidad que sólo recuperará la comunicación con el resto de la gran comunidad cristiana a partir del s. XI, gracias a las Cruzadas.
A partir de ese momento, la comunión se hace patente. Consta la presencia delPatriarca Jeremías II Al Amashitti en el IV Concilio de Letrán en 1215, así como la del Patriarca Simón Pedro en el V Concilio de Letrán en 1516. El Papa Gregorio XIII (1572-1585) establece enRoma un Hospital Maronita y un Colegio Maronita, del que por cierto, saldrán grandes exponentes de la cultura renacentista: José Simeón “el Assemani”, editor de la Biblioteca Oriental; Estéfano Evodio, organizador de laBiblioteca Vaticana; José Aloisio y otros.
En el devenir de la comunidad, es de la máxima importancia el II Concilio maronita, celebrado durante el patriarcado de José IV (1733-1742), en el que los delegados papales imponen reformas dirigidas a unificar las conductas y liturgias que separaban a los maronitas. Aún así, mantiene todavía la Iglesia maronita importantes particularidades, como por ejemplo, la de que los miembros del clero se pueden casar mientras poseen las órdenes menores y aún así tomar las mayores, aunque si acceden a éstas, ya no pueden casarse.
Los maronitas son poco más de tres millones, establecidos principalmente en el Líbano. La existencia de esta comunidad cristiana en dicha zona de Oriente Medio será la que provoque el compromiso de la potencia colonial de la zona, Francia, de crear un estado independiente para ellos, el Líbano precisamente, cosa que se consumó en 1943. Para ello, el Líbano es separado de Siria, y se establece el compromiso constitucional de que un maronita sería siempre el presidente del país, lo que ha venido siendo así hasta la fecha.
Hay también maronitas en Siria, Palestina, Chipre y Egipto, y una amplia diáspora que se extiende por Hispanoamérica (Argentina, Méjico, Brasil), y por los grandes países anglosajones (Estados Unidos, Canadá, Australia). La comunidad madre se expresa en árabe con giros arameos, y practica el rito antioqueno.
El jefe de la Iglesia maronita es el Patriarca de Antioquia y de todo el este,patriarcado éste de Antioquia que comparte, sólo en el campo del catolicismo, con el Patriarca católico melquita, el Patriarca católico siro-católico y el Patriarca latino, y en otras adscripciones cristianas, con el Patriarca ortodoxo y el Patriarca siro-jacobita: seis Patriarcas pues de Antioquía. El patriarcado maronita tiene su sede en Bkerke (Líbano), a unos 40 kms. de Beirut.
El más famoso maronita de la actualidad pertenece a un país donde no hay demasiados, Irak, y es Tarek Aziz, el que fuera Ministro de asuntos exteriores de Sadam Hussein, recientemente condenado a muerte por su responsabilidad en los asesinatos de una serie de militantes de partidos religiosos.

HABEMUS PAPAM: " FRANCISCUM "




“Annuntio Vobis Gaudium Magnum, Habemus Papam: Eminentissimum ac reverendissimum Dominum, Dominum Georgium Marium Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Bergoglio qui sibi nomen imposuit Franciscum“.
(Os anuncio una gran alegría, tenemos Papa. Eminentísimo y Reverendísimo señor Jorge Mario Cardenal de la Santa Iglesia Romana Bergoglio, que ha tomado el nombre de Francisco)








Su Escudo Pontificio

OBISPO: FORMA DE ESCOGERLO


El Card. Ouellet explica su difícil misión: encontrar obispos dignos para la Iglesia


por La Buhardilla de Jerónimo

Presentamos nuestra traducción de esta interesante entrevista que el periódico Avvenire ha realizado al Cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación para los Obispos desde hace poco más de un año, en la cual el purpurado explica detalladamente la difícil misión que se le ha encomendado: ayudar al Santo Padre en el nombramiento de obispos en gran parte de la Iglesia Católica.

***
El Cardenal Marc Ouellet ha pasado ya su primer año como prefecto de la Congregación para los Obispos. Una tarea de gran importancia y delicadeza que le ha confiado Benedicto XVI. Porque es él quien guía el dicasterio que colabora más de cerca con el Papa en la elección de la mayoría de los obispos de la Iglesia Católica, en la práctica casi todos los de Europa y América, así como los de Australia y Filipinas. El purpurado canadiense, teólogo refinado, alumno de Hans Urs Von Baltasar, políglota, con un pasado de actividad académica y pastoral en su patria, en Colombia y en Roma (donde ha tenido también una breve experiencia curial), ha aceptado hacer con Avvenire un primer balance, obviamente provisional, en este nuevo “oficio”.
*
Eminencia, ¿cómo ha sido pasar de ser Arzobispo de Québec a este cargo?

La transición ha sido difícil, sobre todo en los primeros meses. Me faltaba el contacto humano y afectivo con la gente que es constitutivo de la misión de un obispo diocesano.
*
Sin embargo, usted ya había estado en la Curia como secretario del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos…

Sí, pero cuando fui a Québec para mí se trataba de un traslado definitivo… Me sumergí en aquella realidad. No pensaba volver. El Santo Padre decidió llamarme aquí y he venido con alegría. Sin embargo, la transición ha sido subjetivamente difícil.
*
¿Es tan difícil el “oficio” de prefecto de la Congregación para los Obispos?

No es poca cosa. Es necesario escuchar mucho. Es necesario conocer bien las muchas Iglesias locales en los diversos continentes. Es necesario estudiar muchos expedientes. Y, no habiendo tenido experiencias previas en el dicasterio, a veces podían surgir algunas inseguridades en la praxis a seguir en las diversas situaciones. Gracias a Dios he podido consultar y apoyarme en la experiencia de quienes trabajaban aquí desde hace tiempo. De todos modos, ahora me siento seguro en la comprensión de los mecanismos y, por lo tanto, en el gobierno de la Congregación.
*
Imagino que los encuentros regulares con el Papa, por lo general todos los sábados, lo han ayudado…

Esta posibilidad de reunirme con él frecuentemente ha sido para mí lo más positivo, en el sentido de confirmarme, de acoger lo que le iba proponiendo, después de todos los mecanismos de consulta y la escucha de las opiniones de los diversos miembros de la Congregación durante las reuniones de los jueves. En pocas palabras, este primer año ha sido una escuela. Un poco dura y muy exigente.
*
¿Es difícil encontrar un obispo para la Iglesia Católica?

La Iglesia tiene una praxis consolidada de consulta para los nombramientos de los obispos. Para tomar esta decisión se escuchan los pareceres de una lista de personas que pueden variar de situación a situación, pero que generalmente comprende una red bastante precisa de figuras para ser escuchadas, junto a otras. Esta investigación ofrece bastantes elementos para descartar a algunos candidatos y aceptar y proponer a otros. En algunos casos se necesita esperar y llevar a cabo investigaciones adicionales. En su conjunto se trata de un proceso serio, normalmente bien hecho. A veces, sin embargo, no todo llega a buen puerto.
*
¿En qué sentido?

Puede ocurrir que el candidato seleccionado no acepte.
*
¿Cuántas veces ha sucedido este año?

Ha ocurrido un poco más de lo que me podía imaginar.
*
¿Por qué, en su opinión?

En estos últimos años el rol del obispo y de las autoridades en general, religiosas y políticas, no ha resultado sencillo. También en consecuencia de los escándalos, de las campañas periodísticas y de las denuncias concernientes a la cuestión de los abusos sexuales sobre menores perpetrados por sacerdotes y religiosos. Se comprende que no todos se sientan capaces de afrontar estas situaciones. De todos modos, si alguno tiene razones también personales para no aceptar, esta decisión es respetada.
*
¿Le ha sucedido cruzarse con casos de carrerismo eclesiástico?

Sucede que se ven sacerdotes que esperan ser promovidos. Puede ocurrir también que hay movimientos y presiones para sugerir e insistir por esta promoción. Por eso es muy importante valorar no sólo la madurez humana y afectiva, sino también la madurez espiritual de los candidatos al episcopado. Un obispo, de hecho, debe saber para Quién trabaja, es decir, para el Señor y para la Iglesia. Y no para sí mismo. Cuando esto ocurre se percibe por el modo en que la personalidad se manifiesta. En aquel que busca hacer carrera es el propio interés lo que domina o tiende a dominar.
*
Pero todos podemos sufrir la tentación de la ambición…

En efecto, agrada ser apreciados o promovidos. Y esto es legítimo. Pero ser obispo de una diócesis – sea pequeña, mediana o grande, esto no importa, en todos se sirve igualmente al Señor y a Su Iglesia – es otra cosa. Todas las mañanas, cada obispo debe recomenzar preguntándose a sí mismo: ¿para Quién trabajo? ¿A Quién he entregado mi vida? Y debe permanecer auto-crítico hacia sus motivaciones, deseos y ambiciones personales.
*
En el procedimiento para la elección de los obispos, ¿hay algo por perfeccionar?

Actualmente, también en la estela del Vaticano II que ha desarrollado el sentido de la colegialidad episcopal, para la elección de nuevos sucesores de los apóstoles son consultados aquellos que ya son obispos y otros eclesiásticos y laicos de juicio seguro y de reconocido sensus Ecclesiae. El fin del mecanismo que lleva a la elección de un obispo es verificar la idoneidad de un eclesiástico para esta misión. Pero las reglas no son absolutas. Puede ocurrir que el Papa, conociendo muy bien una personalidad y una situación, pueda tener claro cómo se debe satisfacer la provisión de una diócesis. En este caso las consultas son menos necesarias. Pero fuera de este caso específico, se trata de respetar las reglas y los procedimientos vigentes que, de por sí, me parecen válidos.
*
Algunos años atrás, un predecesor suyo, el difunto cardenal Bernandin Gantin, auspició, también como antídoto contra el carrerismo, el retorno a la vieja disciplina de la Iglesia que impedía el traslado desde una diócesis a otra. ¿Qué piensa al respecto?

Siento que no tengo todavía experiencia suficiente para responder ahora esta pregunta. Puedo agregar, sin embargo, que cuando un obispo es nombrado debería decir: “he aquí mi puesto, que recibo del Señor al servicio de Su Iglesia, que es Su Cuerpo y Su Esposa, y me entrego totalmente a esta Iglesia particular”. Un obispo no debería tener personalmente otras preocupaciones. Cuando es necesario proveer a alguna arquidiócesis importante y grande es razonable, sin embargo, que se busque entre los obispos que ya han dado una buena prueba de sí mismos y podrían ser llamados a una responsabilidad mayor. Ciertamente esta práctica, en sí razonable, puede generar en alguno la expectativa de alguna promoción. Pero en este caso el problema no es el traslado desde una sede a la otra sino la madurez espiritual del prelado, el cual, si cultiva este tipo de expectativas, está bien que permanezca donde está.
*
El Catholic News Service ha hecho notar que las visitas ad limina ya no son más cada cinco años sino cada siete, y que los obispos que participan en ellas ya no son recibidos todos en forma individual. ¿Por qué?

Al final del pontificado de Juan Pablo II, por motivos obvios, ya no se podía respetar los tiempos de estas visitas. Por lo tanto se creó, de hecho, este cambio. Permanece, de todos modos, la norma según la cual las visitas se llevan a cabo cada cinco años. Y estamos tratando de recuperar los tiempos para restablecer esta frecuencia. Si bien es difícil porque los obispos son ya cinco mil, el doble de aquellos que participaron en el Concilio Vaticano II.
*
¿Y las audiencias individuales?

Es una cuestión que no concierne a la Congregación sino directamente al Palacio Apostólico. Tampoco en este caso la regla ha cambiado, pero la praxis sí, por varias causas. De todos modos, no tengo ninguna razón para dudar que si un obispo pide justificadamente poder ser recibido individualmente en audiencia, se hará todo lo posible para cumplir este pedido.
*
Hasta pocos años atrás, en los vértices de la Congregación había tres italianos, ahora no hay ni uno solo. ¿Es sólo coincidencia?

No creo que haya un diseño. Pero el nombramiento de los obispos es algo que concierne a todo el mundo. Y tal vez se ha tratado de restablecer un equilibrio. No era ideal que todos fuesen italianos. La internacionalización de la Curia Romana ha sido un progreso positivo en la Iglesia. Pero en la Congregación hay todavía muchos italianos y esto tiene sentido porque la Curia está en Roma y porque la mayoría de las comunicaciones con los nuncios es en italiano.
*
Eminencia, ¿pero cómo debe ser un obispo católico?

Hoy, sobre todo en el contexto de nuestras sociedades secularizadas, tenemos necesidad de obispos que sean los primeros evangelizadores y no simples administradores de diócesis. Que sean capaces de proclamar el Evangelio. Que sean no sólo teológicamente fieles al Magisterio y al Papa sino que sean también capaces de exponer y, si es el caso, de defender la fe públicamente. Además de todas las virtudes que normalmente se piden a los obispos, esta capacidad es en la actualidad particularmente necesaria.